¡Llegó la décima! Cruz Azul vence a Pumas y es campeón del Clausura 2026

Pasara lo que pasara, estaban garantizadas las lágrimas en el Olímpico Universitario. Cruz Azul derrotó 2-1 a los Pumas para conquistar la décima estrella de su historia y dejar una herida más que profunda en Ciudad Universitaria, ahí donde los universitarios volvieron a quedarse mirando de lejos un campeonato que ya suma 15 años de ausencia.
La final prometía saldar una deuda histórica. Habían pasado 45 años desde las últimas series definitivas entre ambos clubes, aquellas de 1978-79 y 1980-81, y por fin apareció la oportunidad de desempatar una rivalidad que llevaba décadas suspendida en la memoria. La ida había dejado poco futbol y demasiado miedo.
Efraín Juárez entendió que la vuelta necesitaba otra clase de valentía. El plan era encerrar a La Máquina desde el primer minuto, convertir el Olímpico en una presión constante y obligar a Cruz Azul a jugar incómodo, lejos de cualquier calma.
Durante ratos lo logró. Robert Morales, encontró un balón fuera del área y soltó un derechazo furioso que hizo estallar CU. El gol tenía el sabor anticipado de un título. Pumas jugaba con el impulso emocional de su gente y Cruz Azul parecía atrapado otra vez por esos recuerdos que históricamente lo perseguían en las finales.

Pero el futbol tiene una forma cruel de modificar los estados de ánimo en segundos. El empate cayó en el segundo tiempo, cuando a Rubén Duarte le impactó el balón y terminó marcando en propia puerta. El estadio quedó suspendido en silencio. El miedo cambió de camiseta.
Entonces apareció el derrumbe universitario. Uriel Antuna fue expulsado por una plancha sobre Jeremy Márquez y, poco después, Ángel Rico dejó a Pumas con nueve futbolistas. Ahí se rompió definitivamente la final. Cruz Azul entendió que el partido ya no debía jugarse con ansiedad, sino con paciencia.
Y al 93 apareció Carlos Rotondi. El futbolista más señalado, criticado y abucheado en otros tiempos encontró el momento perfecto para cambiar su historia. Su gol silenció el Olímpico Universitario y liberó a un club acostumbrado a convivir con sus propios fantasmas. Mientras los celestes corrían desbordados de felicidad, los jugadores de Pumas se desplomaban sobre el césped.
Porque las finales suelen pertenecer no al que juega mejor, sino al que soporta más tiempo el miedo. Y Cruz Azul, después de tantos años persiguiendo tragedias, encontró por fin la manera de sobrevivir a las suyas. La vida siempre da segundas oportunidades y a Cruz Azul y a Rotondi se las otorgaron.



