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“Sabemos todo sobre México”, lanza Tuchel, el DT de Inglaterra

Thomas Tuchel camina despacio y sonríe. Intenta memorizar la imagen del estadio Azteca mientras una marea de cámaras y micrófonos esperan su llegada en la sala de prensa. El técnico de la selección de Inglaterra sabe que el futbol a veces consiste en dejarse habitar por historias del pasado: el Mundial de 1986, los goles de la Argentina de Diego Maradona a Peter Shilton y aquella eliminación en los cuartos de final.

La memoria de este lugar, para cualquier inglés, es todavía una herida abierta, pero el alemán desarma la épica del miedo. “Sabemos todo sobre México”, advierte en conferencia de prensa. “La presión alta, el estilo de juego, la forma en que ataca. Sus jugadores deben de estar preparados”.

El plantel inglés realizó su único entrenamiento ayer en Cantera. Un trabajo extraño, blindado, que transcurrió al ritmo de canciones de Chris Lake y Fisher, mezclados con la melancolía pop de Taylor Swift y Gotye. De aquella burbuja musical sale Tuchel, dispuesto a descartar que la altitud de la Ciudad de México o que la historia del coloso de Santa Úrsula sean determinantes para ganar el duelo.

“México es mucho más bonito de lo que esperaba”, afirma y en su tono no hay la condescendencia del turista, sino la sorpresa del que descubre un fervor imprevisto. “Una vez que aterrizamos, nos dimos cuenta de la entrega y la alegría que tiene la gente por la Copa del Mundo. Va a ser un partido icónico.

Nos adaptaremos a la altitud, asegura

La altitud no es nada a lo que no podamos adaptarnos. Los jugadores la sintieron en los primeros minutos, pero llegamos un día antes para no sufrir los estragos. Para nosotros, los primeros 15 o 20 minutos serán los más difíciles. Cuando los superemos, estaremos en un mejor sitio”.

Cuando le preguntan por los rumores que sugerían el uso de Viagra entre sus dirigidos para mitigar los efectos de los 2 mil 240 metros de altura sobre el nivel del mar, apenas sonríe. “Esa información no llegó a mis oídos”, indica.

Tampoco le importan los ruidos administrativos, las versiones que corrieron por la tarde del viernes sobre un supuesto cambio de horario del partido. Para cuando el rumor cobró fuerza, los ingleses volaban hacia el Aeropuerto Internacional de Toluca. “Fue bueno pasar tres horas en el aire. Los jugadores ni siquiera se dieron cuenta”.

Tuchel habla del rival con el rigor de un analista que ha pasado semanas enteras frente al monitor. Sabe que el México de las rotaciones infinitas, ese que midió fuerzas en marzo contra Bélgica y Portugal, no se achica en el balón parado.

“Hoy todo se sabe en el futbol”, sentencia. Por eso, el plan inglés contempla la resistencia física y mental para los primeros minutos, donde el Azteca ruge más fuerte. “No estoy esperando ningún tipo de hostilidad. A las afueras del hotel, incluso, nos estuvieron apoyando. Nos van a tratar de dar una probadita de la intensidad y del picor”.

Hacia el final de la conferencia, Tuchel se ablanda por un costado imprevisto. Habla de su oficio no como un trabajo, sino como un aislamiento voluntario, un repliegue del revuelo del mundo. “Cuando estás dentro de la burbuja, todo es muy callado. En cambio, cuando mayor es el ruido y la tensión, mejor la preparación”, concluye.

“Todo el mundo recuerda aquellos goles de Maradona con Argentina en el Azteca. Son icónicos, un recuerdo muy doloroso. La herida está abierta, es cierto, pero no estamos aquí en busca de una revancha. Es el mismo estadio, pero no es el mismo rival. Y, aunque lo fuera, no veo una rivalidad de por medio”.

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