Internacional

250 años de Independencia: Sin migración, no hay futuro para Estados Unidos

Los migrantes han sido en 250 años el motor económico, social y político de Estados Unidos, afirma William H. Frey, investigador principal del programa Brookings Metro del Brooking Institution.

La drástica reducción en los flujos migratorios –motivada por políticas de deportación agresivas, trabas en la concesión de visados especializados de tipo H-1B y discursos que catalogan la inmigración como una “invasión”– está empujando a la superpotencia hacia un terreno demográfico inexplorado, peligroso y potencialmente irreversible, indica.

Los datos sugieren que el impacto de estas medidas punitivas y regulatorias ya es plenamente perceptible en las fronteras y los centros de trabajo. Para este año, las estimaciones de los economistas e investigadores de Brookings apuntan a un escenario alarmante, la migración neta hacia Estados Unidos podría situarse este 2026 en terreno negativo.

“Este fenómeno, caracterizado por el hecho de que el número de personas que abandonan el país o son expulsadas supera al de aquellas que ingresan legalmente, representa un quiebre absoluto con la inercia histórica de una nación construida, ola tras ola, por el empuje de comunidades europeas, latinoamericanas, africanas y asiáticas”, señala el experto.

Para el demógrafo estadunidense, el debate sobre la política migratoria en EU no es una simple pugna ideológica de campaña electoral, es el factor determinante del modelo macroeconómico y social de las próximas décadas.

Coincidiendo con la histórica celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, el análisis publicado por H. Frey encendió las alarmas sobre el rumbo restrictivo adoptado por la administración de Donald Trump.

“Al cumplir 250 años, la gran potencia del norte se encuentra ante el espejo de su propia historia, entender que la inmigración es su principal activo de futuro o resignarse a un declive demográfico autoinfligido”, señala H. Frey.

Argumenta que la verdadera motivación detrás del desmantelamiento de los programas de inclusión, equidad y diversidad, sumado al endurecimiento fronterizo, no responde a criterios de eficiencia económica o fiscal, obedece a una calculada estrategia política para calmar “las ansiedades identitarias” de una base electoral compuesta por la clase trabajadora blanca no hispana.

Con el control marcial, el gobierno intenta mandar una señal de resistencia ante la inevitable diversificación étnica de la nación. Los modelos matemáticos demuestran que bloquear las fronteras no detendrá la transformación cultural, pero sí estrangulará el dinamismo laboral indispensable para el país.

FUTURO POSIBLE A 2051

Para dimensionar la gravedad de la situación, el estudio de H. Frey proyecta cómo se verá la estructura de la población estadunidense dentro de 25 años –en 2051, cuando se conmemore el 275 aniversario de la nación– bajo tres premisas distintas de política migratoria desarrolladas a partir de los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

El primer escenario, el más extremo, contempla una política de “migración neta cero” sostenida en el tiempo. Bajo esta hipótesis, la población total de EU sufriría una contracción histórica, cayendo hasta 312 millones de habitantes en 2051, una cifra significativamente inferior a los 331 millones registrados en el censo oficial de 2020. Este colapso radica en un hito biológico, a partir de 2033, el volumen de muertes anuales superará al número de nacimientos vivos de forma consecutiva.

Sin el oxígeno de la migración, la población nacida en el extranjero se reduciría a la mitad, pasando de 46 millones en 2022 a 23 millones a mediados de siglo, con los problemas socioeconómicos y políticos que eso representa para el país.

El segundo escenario, de “migración baja”, emula el comportamiento de los flujos registrados al cierre de la década pasada. Aunque evita la contracción absoluta, permitiría alcanzar 345 millones de habitantes en 2051, un ritmo de crecimiento anémico e insuficiente para sostener consumo y recaudación fiscal.

El escenario de “migración alta” –el ingreso neto supera los 1.5 millones de personas anuales– mantendría al país en una trayectoria expansiva saludable, alcanzando 385 millones de habitantes en 2051 y garantizaría un flujo constante de capital humano.

BIENESTAR Y MERCADO LABORAL

Uno de los aspectos más críticos del informe de William H. Frey, radica en la composición por edades de los migrantes. Quienes llegan a establecerse en el país son, en promedio, notablemente más jóvenes que la población nativa residente. Mientras las populosas cohortes de los Baby Boomers, la generación X y los millennials de mayor edad transitan hacia la jubilación y demandan servicios médicos y pensiones, el flujo de nuevos residentes actúa como el único contrapeso macroeconómico viable.

Bajo un modelo de migración alta, el país incorporaría 17 millones de niños adicionales menores de 15 años y cerca de 50 millones de personas en edad productiva plena (de 15 a 64 años) en comparación con el modelo de exclusión total.

Sin este pulmón demográfico, los fondos de la seguridad social y el sistema de Medicare se encaminarán de forma acelerada hacia la insolvencia fiscal, debido a la caída drástica de la proporción de trabajadores en activo por cada jubilado. Asimismo, sectores estratégicos como el de cuidados de salud, servicios asistenciales, agricultura y manufactura avanzada verán comprometida su operatividad por falta de mano de obra.

El estudio concluye que las medidas punitivas no tienen la capacidad de detener el declive demográfico de la población blanca no hispana, la cual ya registra un envejecimiento avanzado y un exceso estructural de muertes sobre nacimientos. Con o sin inmigración, la proporción de ciudadanos blancos seguirá contrayéndose.

“En contraposición, las comunidades latina y asiática mantendrán una tendencia al alza debido a su juventud y dinamismo reproductivo interno. Cerrar las puertas de la frontera sólo acelerará el envejecimiento de la infraestructura humana del país sin alterar el destino de una América pluriétnica”, agrega el demógrafo estadunidense.

EL SUEÑO AMERICANO

Si algún segmento de la población estadunidense mantiene viva la llama del “sueño americano” es el de los nacidos fuera del país.

Un 77% de los adultos cree que el sueño aún es posible, trabajando duro, frente a 66% de los que nacieron en Estados Unidos.

“Es una esperanza de la pobreza latinoamericana. Es como ganarse la lotería, de gente que no tiene muchos recursos, pero que tiene muchos sueños”, explicó a la AFP Carmen Barreto, empresaria venezolana que lleva 15 años viviendo en Florida.

“Lo que hace precario mi sueño americano es que la ciudad es extremadamente cara y las visas son muy inciertas”, señaló el fundador francés de una start-up tecnológica, Tristan Comte, de 28 años.

La expresión “sueño americano” se acuñó en la década de 1930 y suele evocar imágenes de familias en los suburbios, empleos estables y vacaciones en la playa.

Una nueva encuesta de Gallup reveló que 69% de los estadunidenses dijo creer que podía alcanzar ese ideal: una cifra enorme, pero cuatro puntos porcentuales por debajo de 2024.

Los encuestados señalaron que los elementos clave eran la libertad personal, la seguridad financiera y la propiedad en la que vive.

Con información de AFP

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