Salud

El error que muchos cometen al comprar probióticos (y cómo evitarlo)

Cápsulas, sobres, gomitas o frascos con probióticos prometen apoyar la salud intestinal, mejorar la digestión o reforzar las defensas; sin embargo, elegir uno al azar puede no tener el efecto que se busca.

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar un beneficio a la salud. Pero ese beneficio no depende solo de que el producto diga “lactobacilos” o “bifidobacterias” en la etiqueta. También importa qué cepa contiene, para qué condición se quiere usar y durante cuánto tiempo.

“Un probiótico debe tener nombre y apellidos, género, especie, cepa”, explicó en entrevista Ricardo Guzmán Rodríguez, médico cirujano con especialidad en genética médica. Esa diferencia es clave porque no todos los probióticos tienen la misma función dentro del intestino.

No todos los probióticos sirven para lo mismo

El intestino contiene un ecosistema de microorganismos que participa en la digestión, la producción de metabolitos y la regulación del sistema inmune. Cuando ese equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas como gases, diarrea, estreñimiento, inflamación o malestar después de comer.

En ese contexto, muchas personas buscan un probiótico para ser un adyuvante al problema intestinal, pero el problema es asumir que cualquiera sirve para cualquier síntoma.

“Los dos grupos de probióticos más comunes en el mercado son bifidobacterias y lactobacilos”, dijo el médico de Microbiot Fit. Pero después del género viene la especie y, más adelante, la cepa, que es la que puede tener una función más específica.

“Si padezco estreñimiento, tengo que buscar una cepa que sea mucho muy específica; pero si padezco diarrea necesito otra cepa, o si quiero reducir grasa visceral, pues necesito otra cepa”, explicó.

Los probióticos pueden venir en pastillas
Los probióticos pueden venir en pastillasPexels

Por eso, antes de comprar un producto, conviene revisar si la etiqueta identifica con claridad el microorganismo. No basta con que diga “probióticos” o “flora intestinal”. La información debe permitir saber qué contiene y para qué ha sido estudiado.

¿Qué debe decir la etiqueta?

Una etiqueta útil debe incluir el género, la especie y la cepa del microorganismo. También debe indicar la cantidad de microorganismos vivos, generalmente expresada en unidades formadoras de colonias, y señalar hasta cuándo esa cantidad se mantiene vigente.

También importa el objetivo. No es lo mismo buscar apoyo durante un episodio de diarrea asociado a antibióticos que atender estreñimiento crónico, inflamación recurrente o síntomas digestivos que llevan meses. En algunos casos, el probiótico puede formar parte de un manejo más amplio; en otros, puede no ser necesario o no ser suficiente.

No hacen efecto de un día para otro

Otra expectativa frecuente es pensar que el alivio debe llegar al día siguiente. Pero la microbiota no cambia de manera inmediata.

“No es de que un día para otro ya me siento muy bien”, señaló el también vocero de Microbiot Fit. “Hay que darles tiempo de la colonización, de la diversidad de la microbiota”.

Los probióticos podrían ayudar a mejorar la digestión
Los probióticos podrían ayudar a mejorar la digestiónSERGE BARANOVSKY

De acuerdo con el médico, algunas personas pueden empezar a notar cambios “a partir de la primera semana”, aunque en muchos casos se requiere más tiempo.

“Creo que es muy recomendable tomarlos mínimo tres meses para que haya un beneficio, para que haya un resultado óptimo”, dijo.

La duración depende del motivo. Un estreñimiento ocasional después de un viaje puede requerir menos tiempo que un problema crónico. Una persona con obesidad, resistencia a la insulina o salud metabólica deteriorada podría necesitar un seguimiento más prolongado y acompañado por un profesional.

¿Cuándo consultar al médico?

El especialista recomienda no dejar la decisión solo en manos del anaquel. “Siempre creo que la consulta médica es importante, que sea prescrito por un profesional de la salud”, dijo.

La recomendación es especialmente importante cuando los síntomas son persistentes, cuando hay diarrea frecuente, pérdida de peso sin explicación, dolor abdominal intenso, sangre en evacuaciones, fiebre, enfermedades autoinmunes, cáncer, uso de inmunosupresores o defensas bajas.

También se debe tener cuidado con mensajes que presentan a los probióticos como una solución general para “desinflamar”, “limpiar” o “reparar” el intestino. La microbiota se relaciona con la alimentación, el sueño, la actividad física, el uso de medicamentos y el estado general de salud. Un suplemento no sustituye la evaluación médica ni corrige por sí solo una enfermedad digestiva.

Lo que debes saber antes de comprar un probiótico
Lo que debes saber antes de comprar un probióticoImagen generada con IA

El probiótico correcto empieza con una pregunta

Antes de comprar un probiótico, la pregunta no debería ser cuál es el más popular, sino para qué se necesita.

¿Es para diarrea? ¿Estreñimiento? ¿Después de antibióticos? ¿Molestias digestivas frecuentes? ¿Apoyo al sistema inmune? Cada objetivo puede requerir una cepa distinta, una dosis específica y un tiempo de uso diferente.

“¿Para qué quiero un probiótico? Bueno, porque tengo problemas gastrointestinales, entonces tengo que buscar una cepa que sea mucho muy específica”, explicó el especialista.

El camino más seguro no empieza en la marca, sino en la información: revisar la etiqueta, identificar la cepa, desconfiar de promesas generales y consultar si los síntomas continúan.

Al final, cuidar la microbiota no depende solo de tomar un producto. También implica comer mejor, moverse, dormir y evitar la automedicación. Como dijo el especialista, el objetivo es construir “buenos hábitos” para tener una microbiota “lo más sana posible”.

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