116 días respirando veneno en Las Choapas, Veracruz

LAS CHOAPAS, Ver.— Un sonido persistente hace que las ventanas e incluso las paredes vibren; a veces el ruido da tregua, pero luego vuelve.
Para los habitantes de las comunidades cercanas al Pozo Krem-1, ubicado en Las Choapas, Veracruz, desde el pasado 5 de marzo, el sonido se ha vuelto parte de su día a día.
También la densa niebla que se extiende desde la chimenea del pozo, que explotó y cuyo incendio no ha sido liquidado desde hace casi 116 días.
El padre de Rocío Lázaro Díaz, de 83 años, es una de las personas más afectadas por la explosión.

Él vive en la raya entre Nacimiento y Constitución, el pozo está en Constitución y ahí tiene mi padre su terreno, él es el más afectado, sobre todo en el agua… Ahí era la única agua buena que tenía, pero ya no se puede estar ahí”, expresó Rocío a Excélsior.
El señor lleva ahí toda su vida, con sus sembradíos de maíz, sus caballos y su ganado, pero ahora es imposible estar en casa.
“No se escucha, no se puede trabajar por el ruido, además a las 10 de la mañana por el fuego que llega desde la loma, es insoportable la temperatura, el ruido es horrible, como si estuvieran levantando los helicópteros, es desesperante, arde la vista, y huele mal, después arde la garganta”, dijo Rocío.
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Ahora, casi cuatro meses después de la explosión del pozo, los pobladores de muchas de las comunidades aledañas al pozo se reúnen en una de las partes más altas del área, ubicada a tres kilómetros y medio en línea recta del Krem-1.
Ahí observan cómo la fumarola que emerge del pozo, se levanta por varios metros de altura, para después, moverse de acuerdo a las corrientes de aire.

“Las comunidades cerca del pozo no podemos conciliar el pozo, hay personas que viven a dos kilómetros del pozo, familias que les toca trabajar a un kilómetro del pozo… Hay un fuerte olor todavía y la situación, sigue cada vez peor”, afirmó Rocío.
Este pozo les ha robado no sólo la tranquilidad, sino también la salud.
Se trata de habitantes de las comunidades del Nacimiento, Francisco Villa, Plan de Iguala y muchas otras más; los que ahora se han organizado, para intentar lograr que Petróleos Mexicanos (Pemex), que sigue insistiendo en que todo está bajo control, haga no sólo la remediación del daño ambiental, sino un análisis de la calidad del aire en la zona y las consecuencias que esto está teniendo para la salud de las familias.
A partir de que el pozo explota, todos con tos, gripa, dolor de garganta, la mayoría de nuestros niños, nuestros ancianos, mucho dolor de cabeza, mucho asco, irritación de los ojos, molestias”, contó Cruz Manueles, habitante de El Nacimiento.
Como él, muchísimas personas de todas las comunidades aledañas están experimentando síntomas parecidos; sobre todo las personas que tienen vías respiratorias más vulnerables, como personas de la tercera edad y niños.

Paradójicamente, pese a que el agente municipal y todos los representantes de las comunidades han exigido brigadas médicas, coinciden en que los médicos que llegan sólo les diagnostican una gripa leve, les dan paracetamol y los mandan a casa.
Yo me siento como malo hasta para suspirar me duelen los lomos, la nariz, la garganta, los ojos, como hinchado, desde que empezó este humo”, afirmó Rodolfo Ovando Contreras, del ejido Francisco Villa.
Él y todos los habitantes de las comunidades quieren que la paraestatal les dé una respuesta sobre los efectos de respira constantemente el aire, que aseguran está contaminado, podría generarles.
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Al regreso de esta cobertura, experimentamos síntomas similares a los descritos por los habitantes de las comunidades. Una gripa extraña, persistente molestia en la nariz, tos nocturna sobre todo, y dolor de cabeza.

Al acudir al médico ante la falta de mejoría; el doctor diagnosticó intoxicación por hidrocarburo. El tratamiento incluyó varios medicamentos y nebulizaciones durante dos semanas, para recuperar las vías respiratorias.
El médico dijo que la única forma de haberlo evitado era usar, durante la cobertura, un cubrebocas grueso, para no respirar las partículas dañinas que están en el viento.
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El arroyo que cruza por las comunidades también está contaminado. Aunque el pozo está en el ejido Constitución Mexicana, afecta a todas las comunidades que están a kilómetros a la redonda.
Aquí se tomaba el agua, nos bañábamos, la mayoría de la gente en sequía con mangueras y bomba jalaban el agua a su casa, ahora no se puede, ahora cada quien tiene que comprar el agua o jalar del pozo”, explicó Manueles.
Señalaron que buscan que alguien haga un estudio del agua. Ya que un día después de la explosión del pozo, comenzaron algunos derrames de hidrocarburo que contaminaron sus cuerpos de agua.
Reproducir“No podemos creerle, sinceramente, porque se han manejado diferentes versiones, lo que ellos informan es diferente a lo que nosotros estamos sintiendo”, afirmó.
Manueles dijo que Pemex colocó barreras para contener los derrames, pero no funcionaron, el hidrocarburo siguió su curso por el arroyo. Ahí quedaron abandonadas.
En la zona, cuando las personas introducen sus manos, aun sacan una especie de lodo aceitoso con olor a hidrocarburo. Pero Pemex no ha dicho nada sobre esta contaminación.
Pemex en su informe del pasado 12 de junio indicó que los trabajos para atender la contingencia habían terminado. También señalaron que los gases no afectan la calidad del aire y no existen personas que estén en riesgo porque no hay asentamientos humanos cerca. Sin embargo, la percepción de los pobladores de las comunidades aledañas es distinta.
ReproducirDesde que el pozo se incendió Rodolfo Ovando Contreras, del ejido Francisco Villa, ha notado como el ambiente ha cambiado desde la explosión del Krem-1. Algunos de sus cultivos no se dieron.
Nosotros somos campesinos, nos dedicamos a las vaquitas, siembra de maíz, frijol, arroz, piña… Y queremos que Pemex nos reconozca porque sí somos afectados, aunque a ellos les parece nada”, dijeron.
Los pobladores de diversas comunidades creen que aunque el fuego se apague y el humo se disipe, las afectaciones a largo plazo al medioambiente, sus tierras y a su salud, seguirán empeorando, sin que ninguna autoridad lo reconozca.



