La crisis demográfica obliga a Japón a igualar salarios entre hombres y mujeres

Japón está impulsando uno de los cambios laborales más importantes de las últimas décadas. Ante una crisis demográfica sin precedentes y una creciente falta de trabajadores, empresas japonesas comenzaron a eliminar esquemas salariales que durante años mantuvieron una amplia brecha entre hombres y mujeres.
La medida busca incorporar plenamente al talento femenino a una economía que enfrenta un déficit de mano de obra capaz de comprometer su crecimiento en las próximas décadas.
La decisión llega después de que datos oficiales mostraran que las mujeres japonesas ganaban en promedio apenas el 75.8 por ciento del salario de los hombres, pese a desempeñar funciones similares.
Según el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social de Japón, la brecha salarial alcanzó el 22 por ciento, el doble del promedio registrado entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Durante años, el mercado laboral japonés se caracterizó por un sistema que favorecía a los hombres con empleos permanentes, ascensos ligados a la antigüedad y mejores prestaciones. En contraste, muchas mujeres eran relegadas a puestos administrativos o trabajos de medio tiempo con menores salarios, especialmente después de convertirse en madres.
Empresas como Nippon Life Insurance y MUFG Bank encabezan ahora una transformación que elimina categorías laborales históricamente ocupadas por mujeres y que pagaban entre el 39 y el 50 por ciento de lo que recibían los hombres.
Analistas consideran que se trata de un cambio estructural más que simbólico, ya que modifica la forma en que las compañías organizan sus plantillas y diseñan las trayectorias profesionales de sus empleados.
Mujeres japonesas buscan una mayor participación en puestos directivos y empleos permanentes.Pexels.
La crisis demográfica acelera cambios en Japón
Detrás de esta decisión existe una razón económica de enorme peso. Japón enfrenta una de las mayores crisis demográficas del mundo desarrollado. La combinación de una baja natalidad, una población envejecida y una reducción constante de la fuerza laboral amenaza con limitar el crecimiento económico del país durante las próximas décadas.
Un estudio del Instituto Recruit Works estima que para 2040 Japón podría enfrentar una escasez cercana a 11 millones de trabajadores. La población laboral disponible pasaría de casi 66 millones de personas registradas en 2022 a poco más de 57 millones dentro de quince años.
Ante este panorama, las empresas japonesas comenzaron a ver a las mujeres como una fuente esencial de talento que durante décadas estuvo subutilizada debido a barreras culturales y laborales. Economistas japoneses sostienen que el país ya no puede permitirse desperdiciar una parte tan importante de su capital humano.
La llamada “curva en L”, ampliamente estudiada en Japón, refleja precisamente este fenómeno. Muchas mujeres abandonan o reducen su participación laboral tras convertirse en madres, lo que provoca una caída significativa en sus ingresos y limita sus posibilidades de acceder a puestos directivos.
La equiparación salarial busca romper esa dinámica y facilitar que más trabajadoras permanezcan activas en el mercado laboral durante toda su carrera profesional.
Igualdad salarial no basta sola
Aunque el anuncio ha sido recibido como un avance histórico, especialistas y autoridades reconocen que igualar salarios no resolverá por sí mismo el problema de fondo.
Las empresas japonesas han comenzado a complementar estas medidas con políticas destinadas a facilitar la conciliación entre trabajo y familia. Entre ellas destacan programas de teletrabajo permanente, horarios flexibles, jornadas reducidas para padres con hijos pequeños y pruebas piloto de semanas laborales de cuatro días, especialmente en grandes centros urbanos como Tokio.
También se están desarrollando esquemas para facilitar el regreso al trabajo después de la maternidad, uno de los principales factores que históricamente han afectado la trayectoria profesional de las mujeres japonesas.
El cambio ocurre además en un contexto internacional particular. Mientras algunos países han reducido programas de diversidad e inclusión, Japón ha optado por fortalecer políticas orientadas a la igualdad laboral.
Esto también ha contribuido a atraer inversiones internacionales vinculadas a criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), cada vez más relevantes para los grandes fondos globales.
Para la cuarta economía más grande del mundo, el desafío es doble. Por un lado, necesita aumentar la participación laboral femenina para compensar la caída de la población activa. Por otro, debe transformar estructuras empresariales y culturales arraigadas durante generaciones.
Si la estrategia funciona, Japón no solo podría reducir una de las mayores brechas salariales entre las economías desarrolladas, sino también encontrar una respuesta a la crisis demográfica que amenaza su crecimiento.
El éxito o fracaso de este modelo será observado de cerca por otros países que enfrentan problemas similares de envejecimiento poblacional, escasez de trabajadores y desigualdad laboral. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.



