Regional

Día del Bolero: Don Lucio, el hombre que aprendió a lustrar el tiempo

Entre cepillos, betún y conversaciones cotidianas, Lucio García Flores ha sostenido a su familia y a un oficio que se resiste a desaparecer.

Por Miguel Magaña | #PiedrasNegras, Coahuila

Piedras Negras, Coahuila.– El brillo no siempre nace del betún. A veces nace de la constancia. Don Lucio García Flores lo sabe bien. Desde hace más de 50 años, sus manos repiten el mismo movimiento: limpiar, pulir, devolver vida. Hoy, en el Día del Bolero, su historia no se mide en pares de zapatos, sino en décadas de trabajo honesto.

Tenía apenas 13 años cuando dejó Rosita, Coahuila, con más sueños que certezas. En el mercado Zaragoza, cargando una pequeña caja con cepillos y trapos, comenzó como ayudante. No sabía entonces que ese cajón de madera sería el principio de todo: del sustento, de la familia, de una vida entera construida a ras de calle.

Los años pasaron y llegó una oportunidad que cambió su destino. Una bolería estaba en venta por 3 mil pesos. Sus padres, después de vender su casa, le prestaron el dinero. Fue un acto de fe. Don Lucio lo honró quedándose ahí, día tras día, sin faltar, sin rendirse.

“Me gusta mi trabajo”, dice sin rodeos. Le gusta atender a la gente, platicar, escuchar historias ajenas mientras comparte las propias. Recuerda que antes había más clientes, más movimiento, más ruido. Hoy el trabajo es menos, pero suficiente. “Como quiera, de aquí sale el sustento diario”, repite, como quien habla de algo sagrado.

Padre de familia, don Lucio ha visto pasar la vida desde su silla. Ha enfrentado el sol que quema, el frío que cala y la lluvia que no perdona. Aun así, ahí sigue. Porque su trabajo no solo le dio de comer, también le dio identidad.

Cuando habla de las nuevas generaciones, su voz se vuelve firme: “Esto también es un arte. Si te gusta, adelante”. No promete riqueza, promete dignidad. Ganarse el dinero con esfuerzo, hacer bien el trabajo, respetar el oficio.

Hoy, mientras muchos caminan sin mirar, don Lucio continúa lustrando zapatos y recuerdos. En cada par deja algo más que brillo: deja constancia de que hay oficios que no mueren, porque viven en quienes los ejercen con orgullo. En el Día del Bolero, su historia es un homenaje silencioso a la gente que nunca deja de trabajar, aunque el tiempo pase frente a ellos.

 

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