El conflicto de EU que asfixia la economía global; medio año de guerra con Irán

Hoy se cumplen seis meses de la guerra que comenzó con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Medio año después, el conflicto que Donald Trump presentó como una operación para destruir la capacidad nuclear y militar iraní está lejos de tener un desenlace claro.
La primera etapa fue una guerra abierta. Misiles, drones y ataques contra instalaciones militares y energéticas extendieron el conflicto por Oriente Medio. Según The Wall Street Journal, casi 3 mil iraníes y 18 militares estadunidenses murieron durante estos seis meses, aunque las cifras de víctimas iraníes siguen sujetas a revisión.
Llegaron las negociaciones, los ceses del fuego y las amenazas de reanudación de las hostilidades. El estrecho de Ormuz, por donde normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, se convirtió en la pieza estratégica de la guerra. Su cierre o funcionamiento restringido alteró el transporte marítimo, encareció la energía y convirtió un conflicto regional en un problema económico global.
Ahora la guerra tiene otra cara. Washington desplazó buena parte de su ofensiva del terreno militar al económico. Las nuevas sanciones anunciadas por el Tesoro estadunidense buscan asfixiar las exportaciones iraníes y golpear a las empresas y embarcaciones que permiten a Teherán mantener sus vínculos comerciales. El Financial Times compara esta nueva estrategia con la campaña de “máxima presión” de Trump durante su primer mandato, aunque advierte que aquella no consiguió arrancar concesiones decisivas a Irán.
Llegado a este punto, China se presenta como un dolor de cabeza para Washington. Pekín es el principal comprador del petróleo iraní y ya rechazó las amenazas estadunidenses de sanciones. El Financial Times señala que la estrategia económica de Trump depende, en buena medida, de que los principales socios comerciales de Irán acepten cerrar sus canales con Teherán.
Y he ahí la paradoja de estos seis meses. Estados Unidos tiene una enorme capacidad para golpear a Irán, pero ni así ha conseguido convertir esa superioridad militar en una solución política. The Guardian describió la estrategia de Trump como “un ciclo de amenazas, retrocesos y nuevas amenazas”, en tanto el conflicto vanza sin brújula.
El costo tampoco se limita a Oriente Medio. Casi la mitad del petróleo mundial procede de regiones afectadas por conflictos, mientras que las alteraciones en Ormuz y la reducción de las capacidades de refinación han provocado una crisis energética de alcance global. En Estados Unidos, el precio de la gasolina ha aumentado alrededor de 60% desde el comienzo de la guerra; en Europa, el diésel supera 70% de incremento.
Seis meses después, Irán enfrenta una economía exhausta, inflación cercana a 90% y una presión creciente sobre combustible y alimentos. Trump, en cambio, tiene ante sí el costo político de una guerra prolongada y una operación cuyo objetivo final sigue sin estar definido.
En tanto Washington refuerza su retórica, Teherán conserva su principal carta: Ormuz. La posibilidad de interrumpir el flujo energético mundial significa que una nueva escalada ya no tendría únicamente consecuencias para Irán o Estados Unidos. Podría convertirse, literalmente, en una crisis para el mundo.



