Así fue el exclusivo show de Christina Aguilera de mil dólares por boleto

Es imposible escuchar el nombre de Christina Aguilera sin que nuestra mente se ponga a cantar “Ven conmigo / ven conmigo, baby”. Y eso es exactamente lo que hicimos… fuimos con ella al nuevo concierto que “brindó” en el 40 aniversario del Hotel Casino Yaamava.
A una hora en las afueras de Los Ángeles, la cita había sido puntualmente programada para las ocho de la noche, en un teatro de tres mil localidades donde cada boleto costaba cerca de mil dólares por persona. Tampoco era cualquier noche. En comparación con la presentación que había tenido en México, cuatro meses antes, las expectativas habían aumentado.
Como si la escucháramos cantar “Acércate a verme”, esperábamos una mejor experiencia que aquella noche del Palacio de los Deportes de la Ciudad de México, donde algunos fans todavía cantan “me acuerdo de ti y se me borra mi sonrisa”. Hay quienes se quejan que aquel espectáculo duró solamente una hora, aunque Ticketmaster había anunciado formalmente una duración de 120 minutos para el evento, que a lo mejor sumaba la hora del retraso que la gente tuvo que esperar con respecto al horario esperado.
En otra noche mucho más selecta, Christina dejó una mejor impresión cuando apareció de sorpresa con otras pocas canciones, en una fiesta VIP privada de la cerveza Michelob Ultra, después de la final del Mundial de Futbol, en Nueva York. Antes, no le habían permitido cantar, en el 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, aunque había sido contratada por 3.4 millones de dólares la noche del 4 de Julio.

Hacía semanas que venía preparando el show y había llegado a ensayar con todo su equipo, en el mismo escenario de Filadelfia, el día anterior. Todo estaba listo para subir a cantar, pero el mal clima lo arruinó todo. Estuvieron esperando horas para ver si la lluvia paraba. El espectáculo iba a salir en vivo, por televisión. Pero la tormenta siguió empeorando, al punto de escuchar desde un micrófono que pedía a la gente que abandonara el lugar colmado frente al Museo de Arte de Filadelfia.
Desde su cuenta personal de Instagram, Christina se disculpó “Habíamos puesto nuestro corazón y el alma, pero la seguridad siempre es más importante y tristemente, la tormenta no nos permitió ofrecer el espectáculo que tanto habíamos trabajado para darle vida”. La gran fiesta del Día de la Independencia, con fuegos artificiales, había sido organizada por el gobierno, con acceso totalmente gratuito y a pesar de la lluvia, la gente se resistía a irse.
Recién después de la medianoche el clima mejoró. Pero todos los cantantes ya se habían ido y el intendente en persona se encargó de llamar personalmente a Will Smith para que al menos él volviera para cantar, cuando estaba a punto de irse a dormir. Él volvió. Pero Christina recién volvió a cantar oficialmente, 20 días después, en la gran noche del Hotel Casino Yaamava.

Con dos camarines elegantemente preparados detrás del escenario, esta vez, Christina tuvo a su disposición una de las suites ejecutivas más grandes del hotel, con cafetera expreso propia, sala de estar, bar y escritorio, algunas frutillas bañadas en chocolate al lado de la cama y un baño tan grande como el resto de la habitación. Pudo haber pedido el exclusivo masaje sinfónico del Spa Serrano Yaamava que llaman Musical Symphony Element Body Journey: una sesión de 60 minutos con música original creada por inteligencia artificial que va cambiando ritmo y sonidos, al compás del movimiento de los brazos del masajista.
Ni hablar de la otra exclusiva cena del mismo hotel que cuesta cinco mil dólares por persona (sí, sí, 87,200 pesos mexicanos) creada por el chef Michelin Paul Liebrandt y el maestro Sommelier João Pire, en el restaurante The Pines Modern Steakhouse del primer piso del casino. Fieles testigos del lujo, como si sonara la música de Solamente tú, la cena da comienzo con la recepción del trago de moda negroni, adornado con un hielo estampado con el sello del 40 aniversario del hotel.
Con vinos añejos de Francia y España que rondan entre los 1,800 y 2,500 dólares, la cena continúa con seis platos, como bacalao negro Black Cod con trufas negras, la más lujosa carne Wagyu Matsusaka con caviar Kristal y un postre de 66% de caco con pequeñas hojas de verdadero oro de 18 kilates, helado de aceite de oliva, macarons de vino tinto y una caja de bombones completamente diferentes.
Como único pedido especial, Christina Aguilera apenas había pedido copas de champagne (el Don Perignon cuesta 75 dólares por copa, en el privado piso 17 donde en otra sala secreta también ofrece habanos cubanos a más de 4,000 dólares cada uno). La idea era brindar al final de la noche, con el grupo de bailarines y el coro, donde también canta la argentina Josefina Silveyra.
Claro que tenía una gran razón para brindar. En medio de tanto lujo, Christina Aguilera se lució como nunca, en una superproducción al puro estilo Las Vegas que duró poco menos de 90 minutos. No faltaron ninguna de las canciones más famosas. Desde Beautiful, hasta What A Girl Wants, Genie In a Bottle, Ain’t No Other Man o la representación de una de las escenas que ella había cantado con Cher y Julianne Hough en el cine en Burlesque, además de la misma versión de Moves Like Jagger que alguna vez cantó también con Maroon 5.

La gente no dejaba de pararse a bailar, cantando las estrofas más recordadas. Y quienes habían llegado para festejar el 40 aniversario del Hotel Casino Yaamava, parecían haber ganado la mejor apuesta.
Todos pudieron volver cantar “Ya la fiesta comenzó / Bailaremos sin control / Hasta que ilumine el sol”. Tal cual sugiere la letra de su música, nos acercamos a verla y esta vez… no nos hizo esperar, dejándonos el recuerdo de aquel coro que sigue repitiéndose en la mente “Ven conmigo, ven conmigo, baby”.



