Por qué algunas personas no paran de hablar y monopolizan las charlas: 6 claves para recuperar el diálogo

Mantener una charla con alguien que monopoliza la conversación puede generar aburrimiento, cansancio y frustración. Al principio, se participa con interés y se espera una oportunidad para intervenir, pero el diálogo se transforma en un monólogo donde es imposible aportar.
Con el paso del tiempo, surge la dificultad de encontrar el momento adecuado para participar sin interrumpir de forma abrupta. Incluso asentir, mirar o agregar pequeños comentarios puede alimentar el monólogo. Esta situación afecta el intercambio y plantea el desafío de buscar estrategias para que la comunicación sea más equilibrada.
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Sin embargo, la pregunta es: ¿por qué hay personas que hablan sin parar y ni siquiera lo registran?
La doctora María Teresa Calabrese, endocrinóloga, psiquiatra y psicoanalista especializada en enfermedades psicosomáticas, explicó a Infobae que detrás de un rasgo de carácter o un síntoma no se puede hacer un diagnóstico o definir un cuadro psicopatológico. Sin embargo, aclara, una persona que monopoliza la conversación “puede responder a un cuadro de ansiedad, inseguridad, narcisismo y hasta cuadros más serios de manía”.
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El narcisismo puede estar detrás del hábito de hablar en exceso, dificultando la escucha y el reconocimiento de las necesidades del otro (Imagen Ilustrativa Infobae)En ese sentido, ejemplificó: “Hay gente que en una conversación, ya sea en un encuentro presencial o de forma telefónica, habla sin parar y después dice: ‘Bueno, ¿y vos? Ahora yo hablé mucho, contame de vos’. Y el otro ya no tiene tiempo ni ganas de hablar. Sin embargo, me parece que no hay que quedarse tan sumiso ante la descarga de palabras del otro”.
Al respecto, explicó cómo este rasgo de carácter afecta su relación con los demás, que se sienten frustrados por no poder participar y también por no ser escuchados. “Los perjudica bastante en la comunicación, porque son personas que en general nadie las tolera y suelen quedarse sin amigos o se los evita”, advirtió la experta.
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Perder el registro de los demás
Monopolizar la conversación afecta la comunicación y puede dejar al otro sin posibilidad ni ganas de intervenir (Imagen Ilustrativa Infobae)La doctora explicó que desde el campo de las neurociencias, el papel de las neuronas espejo se está viendo afectado por las redes sociales y la interacción a través de las pantallas. Estas neuronas permiten captar la intención y las emociones del otro, facilitando la comprensión interpersonal.
“Las neuronas espejo no reaccionan igual en esos contextos de pantalla que en interacciones directas. Entonces, se está perdiendo la capacidad de darse cuenta si el otro nos sigue en lo que uno está hablando o diciendo, o si está cansado o si se quiere ir”, afirmó la doctora.
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Y completó: “Ahora está muy de moda el descargar. Incluso escuché a profesionales que decían ‘Hay que descargar todo’ en referencia de lo que pasa por el Mundial. Me parece que no es así. Hay cosas que en la vida en sociedad no se pueden decir y descargar. Existen cosas que hay que guardarse y me parece que eso también hace a la buena convivencia y socialización”.
Un estudio sobre los pacientes que hablan demasiado
Un estudio analizó cómo los médicos enfrentan a pacientes que monopolizan la consulta, afectando el diagnóstico (Imagen Ilustrativa Infobae)Interrumpir con tacto, identificar la causa del exceso de palabras y redirigir la conversación de manera gradual son tres de las claves que propuso la psicóloga Susan Krauss Whitbourne en un artículo en Psychology Today para manejar a las personas que hablan demasiado, un problema cotidiano que la psicología estudió poco en términos prácticos aunque puede afectar desde una reunión social hasta una consulta médica.
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La locuacidad problemática en el consultorio se definió por habla excesiva, falta de foco, repetición y sobrecarga de datos irrelevantes (Imagen Ilustrativa Infobae)Krauss Whitbourne se centró en un estudio de la Universidad de Maastricht que trabajó con médicos generales obligados a obtener información útil de pacientes que monopolizan la conversación. La investigación incluyó una primera muestra de 16 médicos con cinco años de experiencia laboral y luego sumó grupos focales con 25 médicos más para profundizar en las razones de esa conducta.
La psicóloga señaló que la locuacidad problemática fue definida con criterios concretos: habla excesiva, falta de foco y de estructura, desvío del tema, sobrecarga de información irrelevante, repetición y dificultad para ser guiado. Ese patrón no solo vuelve tediosa una charla, sino que en un consultorio puede impedir que el profesional identifique el problema del paciente.
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De acuerdo con el estudio, surgieron seis estrategias principales. Tres estaban orientadas a comprender las causas de la locuacidad y tres respondían a una lógica de control de daños. “Todo esto se basa en los objetivos de construir y mantener una buena relación médico-paciente, al tiempo que se emplean habilidades de comunicación de manera directiva. A medida que leas cada estrategia, piensa en cómo podrías usar cada una tú mismo”, manifestó. Y citó las seis estrategias:
- Comprender la causa de la locuacidad:
- Brindá apoyo emocional a alguien cuya conversación excesiva puede provenir de la soledad.
- Creá una estructura para ayudar a alguien con habilidades de comunicación deficientes a limitar su discurso a lo que es más relevante.
- El individuo puede estar nervioso, así que establecé una sensación de seguridad y comodidad.
Las personas que no permiten hablar a los demás suelen perder amistades o ser evitadas por su entorno social (Imagen Ilustrativa Infobae)- Control de daños:
- No seas demasiado directivo con la persona (es decir, diciéndole que se calle) y fijate si podés limitarla.
- Observá si podés convencer a la persona a permitir a que los demás se unan a la conversación.
- Interrumpir a alguien o menospreciarlo puede ser humillante, así que mostrá empatía cuando interrumpas, así como humor.
La idea es la “interrupción empática”, es decir, intervenir sin brusquedad, de manera gradual, para frenar el monólogo antes de que el cansancio lleve a una respuesta grosera.
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Interrumpir con empatía es una de las estrategias propuestas para frenar monólogos prolongados (Imagen Ilustrativa Infobae)Krauss Whitbourne advirtió que dejar que la otra persona siga hablando hasta agotar la paciencia aumenta la probabilidad de una reacción de la que luego uno se arrepienta.
La nota introdujo además un matiz central. “Esas personas también pueden hablar demasiado si se sienten ansiosas por la situación en la que se encuentran, o tal vez realmente se sienten solas y esta es la primera oportunidad que han tenido de socializar en mucho tiempo”, afirmó la autora.
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Y completó que otro mensaje de los hallazgos del estudio es que es posible monopolizar la conversación sin siquiera saberlo: “¿Hubo alguna vez un momento en que, ya sea en una función social o incluso en el consultorio de un médico, tus nervios te llevaron a charlar sin cesar? Pensar en estas situaciones podría darte una idea de ti mismo y ayudarte en ese proceso de interrupción empática”.
En resumen, la respuesta a cómo lidiar con alguien que habla demasiado es: interrumpir con empatía, hacerlo antes de que la irritación escale y tener en cuenta que detrás de la verbosidad puede haber ansiedad, soledad u otra dificultad para regular la conversación. Ese enfoque busca frenar el monólogo sin dañar la relación.
Estrategias para el cambio
El reconocimiento del problema y el deseo de cambiar son fundamentales para modificar el hábito de hablar en exceso (Imagen Ilustrativa Infobae)De acuerdo a la doctora Calabrese, el cambio es posible siempre que la persona reconozca una dificultad y tenga el deseo de pedir ayuda. Si la persona no percibe esa dificultad o no muestra interés en modificarla, entonces no será posible. Además, mencionó que el apoyo o la señalización que hace la familia y el círculo social pueden influir en la disposición para cambiar.
Existen distintas estrategias para lidiar con ellos, según la doctora: “Hay gente que evita este tipo de personas, hay otros que las toleran y se descargan después por otro lado, lo cual no es bueno. Me parece que la actitud más positiva sería hacérselo notar y decirles: ‘Tengo determinado tiempo, así que te quiero contar algo’, porque no son personas a las que no les interese el otro, a veces no pueden parar de hablar”.
Otra estrategia es cambiar el tema de la conversación. “También hay gente que además de hablar mucho repite mucho. Entonces, uno puede elegir en determinado momento de la conversación, introducir otro tema. Existe la situación de personas que cuando el otro dice algo aprovechan para contar algo de ellos. Entonces pararlo y decir: ‘No, esperá que te quiero contar esto, que estaba hablando de esto’. No quedarse tan pasivo ante la descarga verborrágica del otro”, concluyó la especialista.



