¿Los suplementos son realmente saludables? Advertencias de un experto sobre su eficacia y seguridad

La industria de los suplementos alimenticios ha crecido hasta convertirse en un negocio multimillonario, a pesar de que en ciertos casos representa un riesgo para la salud pública. Juan Alfonso Revenga Frauca, director experto en Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Internacional de Valencia y de la Universidad San Jorge, expone en un análisis publicado en The Conversation que, mientras los consumidores buscan optimizar su bienestar con píldoras, polvos o gotas, la ciencia sostiene que estos complementos, salvo algunas excepciones clínicas, se comercializan bajo controles inferiores a los exigidos para medicamentos y carecen de respaldo científico suficiente para justificar su uso generalizado.
Un aspecto poco conocido por el público es la alta frecuencia de productos alterados; Revenga cita investigaciones en las que más del 80% de los suplementos para mejora del rendimiento sexual contenían inhibidores de la fosfodiesterasa 5 no declarados. En el segmento de pérdida de peso, la adulteración supera el 20%, principalmente con sibutramina, un fármaco ya retirado del mercado. Para el deporte, el porcentaje de muestras adulteradas con sustancias dopantes oscila entre el 14% y el 50%. Estos datos evidencian la diferencia regulatoria respecto a los medicamentos.
La publicidad y los influencers: cómo se impulsa el mercado de suplementos
La popularidad de los suplementos alimenticios no suele responder a una necesidad clínica de la población general. Revenga detalla que solo existen protocolos avalados en el caso de déficits nutricionales derivados de enfermedades, vegetarianismo o embarazo.
El consumo generalizado de suplementos alimenticios carece de respaldo científico, solo existen protocolos recomendados para necesidades clínicas específicas (Imagen Ilustrativa Infobae)Fuera de estos contextos, un amplio porcentaje de usuarios afirma sentirse “mejor” al consumir suplementos, pero los análisis objetivos no lo confirman. Un estudio con más de 20.000 consumidores citado por el especialista, publicado en la editorial médica BMJ Journals, no encontró ninguna variable analítica que justificara el consumo de estos productos más allá del efecto placebo.
Sin evidencia sólida, la industria ha recurrido a las redes sociales para expandir el consumo. Un estudio de la organización Journalismfund Europe, titulado El influencer como traficante de pastillas, ilustra la facilidad con la que cualquier persona puede lanzar su propia línea: basta elegir una categoría, un fabricante asume la elaboración y la logística, mientras el influencer se dedica a la promoción. El informe mostró que la narrativa comercial —por ejemplo, “formulación propia” o “ingredientes de alta calidad”— predomina sobre la composición real del producto.
La normativa actual no exige acreditar titulación sanitaria para vender suplementos. Basta registrar una empresa como operador alimentario y cumplir obligaciones fiscales. A diferencia de los medicamentos, estos productos no deben demostrar validez clínica previa para su venta; su regulación se encuadra en el marco alimentario.
Las redes sociales y los influencers impulsan el mercado de suplementos, generando una percepción de utilidad no respaldada por evidencia médica (Freepik)Regulación europea y fiscalización publicitaria: infracciones frecuentes y falta de control
Una evaluación realizada por el centro oficial alemán de control de alimentos CVUA Stuttgart, estableció que el 90% de las afirmaciones de salud difundidas por influenciadores en Instagram para promocionar suplementos resultaba ilegal según el Reglamento 1924/2006 de la Unión Europea, que prohíbe expresamente la recomendación de productos alimenticios por parte de profesionales sanitarios.
En España, la mitad de las resoluciones y dictámenes del organismo de Autocontrol de la Publicidad, referencia esencial en el control de la publicidad y la comunicación comercial, estuvieron vinculados a infracciones cometidas por influencers en el último año.
En uno de los expedientes, se identificó una farmacéutica que promovía un suplemento para las defensas, contraviniendo tres normativas distintas: el Reglamento 1924/2006 de la UE, el Real Decreto 1907/1996 sobre publicidad sanitaria y la Ley 17/2011 de seguridad alimentaria y nutrición.
La vigilancia efectiva resulta insuficiente ante el volumen de mensajes en medios digitales y redes sociales, lo que permite que la mayoría de estas infracciones quede sin registrar ni sanción administrativa.
La falta de controles y exigencias clínicas permite que los suplementos alimenticios se comercialicen fácilmente, generando riesgos sanitarios y sociales no dimensionados (Freepik)El origen del consumo: sobreabundancia alimentaria y el auge del nutricionismo
El interés contemporáneo en los suplementos tiene raíces históricas. La identificación de las vitaminas entre 1910 y 1948, en un contexto de hambrunas y carencias, justificó el surgimiento del suplemento como respuesta colectiva.
Hoy la mayoría de la población accede a una alimentación suficiente y variada, por lo que el fundamento científico para el consumo generalizado se ha desvanecido. Según Revenga, este fenómeno responde al denominado “nutricionismo”: una creencia que otorga valor aislado a los nutrientes y prioriza la composición por encima del alimento como conjunto.
El mercado de suplementos trata estos productos como remedios farmacéuticos cuando, desde el plano legal, se consideran un alimento más, como una mermelada. Mientras los mecanismos regulatorios siguen siendo de baja exigencia y el marketing digital orienta la atención del consumidor, la comercialización de suplementos alimenticios provoca efectos sanitarios y sociales que aún no se han dimensionado por completo.



