Dumping hunde la comercialización de productos en Veracruz
La entrada de productos importados a precios bajos provoca una competencia desleal que desplaza a los productores nacionales y los deja sin poder competir.

La entrada de productos importados con precios bajos afecta la economía de comerciantes en Veracruz.Especial
El ingreso de productos a precios artificialmente bajos —una práctica conocida como dumping— se ha convertido en uno de los factores que más presionan a los sectores productivos de Veracruz. Desde alimentos hasta insumos industriales, mercancías provenientes de países con mayores subsidios o costos de producción más bajos llegan al mercado nacional por debajo de su valor real, desplazando a productores locales que no pueden competir en esas condiciones.
La situación se agrava en un estado portuario como Veracruz, donde la entrada constante de importaciones baratas redefine precios, altera cadenas de suministro y profundiza la dependencia hacia bienes que México sí podría producir, pero que hoy resultan menos rentables frente a la competencia desleal del exterior.
El daño al sector cafetalero
A la presión sobre los precios se suma un problema mayor: productores de Coatepec han documentado que parte del café Robusta procedente de Brasil y Vietnam está siendo reempacado y comercializado como si fuera mexicano, para luego exportarse bajo la etiqueta de “café nacional”.
Actualmente, una tonelada de café mexicano se vende en alrededor de 6 mil pesos, mientras que la brasileña ronda los 3 mil 500 pesos, hasta 50% más barata. Esta brecha incentiva a comercializadores e industriales a sustituir el grano nacional por importado.
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Los cafetaleros advierten que esta práctica distorsiona el mercado interno y afecta la reputación internacional del café veracruzano, construida durante décadas por su calidad y origen. La mezcla con grano importado de menor costo reduce los atributos del producto final, deprime los precios pagados al productor y desplaza al café local, cuyos costos de producción son más altos.
El café brasileño llega sin restricciones a los puertos de Campeche y Veracruz; el vietnamita entra por los puertos del Pacífico. En beneficios y plantas de tostado se mezcla o sustituye con grano nacional y luego se reempaca con etiquetas mexicanas, capitalizando la reputación del café veracruzano.
Pero en el mercado de Estados Unidos ya no pudo entrar. Están burlando los aranceles y ya hubo reclamos”, reconocieron los productores.
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Dulce amargo
La historia se repite en el sector azucarero. A finales de 2025, ingenios y comercializadoras reportaron grandes volúmenes de azúcar nacional embodegada sin poder colocarse en el mercado, mientras el país recibe jarabe de maíz de alta fructosa y azúcar refinada importada a precios inferiores a los costos de producción locales.
Los productores denuncian que esta entrada masiva de endulzantes foráneos desplaza al azúcar veracruzana, presiona los precios a la baja y provoca que los ingenios acumulen inventarios que no pueden vender. El resultado es un círculo de asfixia económica: bodegas llenas, flujo detenido y un precio pagado al productor que se desploma.
Aunque se anunciaron aranceles para frenar la entrada de nuevos productos, líderes locales y nacionales no prevén una mejoría. Muchos productores se endeudaron para sostener la zafra y hoy enfrentan un panorama incierto; algunos empeñaron bienes o hipotecaron propiedades para cubrir la producción sobrante.
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En los puertos del Golfo —sobre todo Veracruz y Altamira— el movimiento es constante: barcos cargados con fructosa y azúcar refinada descargan contenedores que se integran de inmediato a la cadena industrial del país. Desde ahí, el endulzante importado fluye hacia las grandes plantas refresqueras y alimentarias del centro y norte, ocupando el espacio que antes tenía el azúcar nacional.
Para los cañeros veracruzanos, cada embarque significa otra semana con bodegas llenas y precios deprimidos. En un estado que vive de la caña y del puerto, la escena es doblemente dolorosa: por el muelle entra el endulzante que desplaza al azúcar local, y en los ingenios se acumula la evidencia de un mercado que dejó de mirar hacia adentro.
En los productos pesqueros, Asia es la competencia
En el sector acuícola, la presión también es creciente. Productores de tilapia explican que, mientras ellos enfrentan costos elevados de energía, alimento y sistemas de inocuidad, al mercado mexicano entra tilapia de Indonesia, Filipinas y China a precios imposibles de igualar.
Para producir un kilo de filete de tilapia le tienes que poner kilo y medio de pescado entero… eso te cuesta a ti aproximadamente 140, 150 pesos, y yo voy a la esquina de la casa y veo filetes de tilapia china en 61 pesos. Es una competencia desleal”, señaló Luis Gómez Garay, dirigente de la UGOCP.
A esto se suman subsidios ocultos en los países exportadores —tarifas eléctricas reducidas, apoyos al agua, costos energéticos por debajo del mercado— que no se declaran como subsidios directos, lo que dificulta demostrar formalmente el dumping.
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Los testimonios coinciden con datos del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables: la tilapia asiática entra a México a precios equivalentes a una tercera o cuarta parte del costo de producción nacional.
La ruta inicia en los puertos del Pacífico: Manzanillo y Lázaro Cárdenas reciben semanalmente contenedores refrigerados provenientes de Asia. El producto congelado se integra de inmediato a la cadena logística que abastece a supermercados y mayoristas del centro del país. Para los acuicultores mexicanos, el golpe es doble: mientras ellos sostienen sistemas de producción controlada y costos elevados, el pescado extranjero llega por mar, se distribuye con rapidez y ocupa el espacio del producto local.
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Es libre mercado, pero sí afecta: Diputado
El diputado Ramón Díaz Ávila, del Partido del Trabajo, afirmó que la entrada de productos agrícolas más baratos desde países fuera del T-MEC no constituye competencia desleal, sino una consecuencia del libre comercio y de las decisiones de los intermediarios. “Los que distribuyen o venden en los mercados de abasto le compran a quien les dé más barato, y no es un tema desleal, es un tema que está permitido”, dijo.
Recordó que, ante la protesta de los productores de caña por la importación de azúcar y fructosa, el gobierno federal respondió elevando aranceles para equilibrar el mercado. Propuso aplicar una medida similar al café, pues los productores han denunciado la entrada de grano sudamericano de baja calidad que termina siendo envasado como si fuera mexicano.
Colombia y otros países están mandando café de segunda o tercera, pero el precio es mucho menor que el nuestro, y estos envasadores prefieren el café barato y lo envasan como si fuera café mexicano”, explicó. Añadió que el producto entra tanto por la frontera sur como por puertos del Pacífico, como Lázaro Cárdenas y Manzanillo.
El legislador insistió en que el gobierno federal debería aplicar aranceles al café importado para equilibrar precios y obligar a los envasadores a decidir entre café mexicano de calidad o café extranjero sin ventaja de costo.
Finalmente, advirtió que México no es autosuficiente en la mayoría de los productos agrícolas. “Todo se importa: plátano, mango, aguacate… somos un productor grande de maíz y aun así compramos. De trigo producimos solo el 10% de lo que consumimos”, señaló. Para revertir esta dependencia, consideró indispensable fortalecer al campo con apoyos reales: semillas, fertilizantes y tecnología.
Sin embargo, otros productores observan con preocupación un fenómeno más agresivo: la Cámara del Comercio del Campo Veracruzano advirtió que el dumping de productos agrícolas y pesqueros está golpeando de lleno a los productores locales, quienes enfrentan la entrada de café, azúcar, tilapia y camarón provenientes de Sudamérica, África y Asia sin una regulación efectiva.
Su presidente, Carlos Castañeda Garcés, señaló que mientras el mercado se inunda de importaciones baratas, Veracruz —con toda su costa, lagunas y ríos— no produce hoy ni un solo kilo de camarón ni cuenta con granjas acuícolas suficientes para competir. A ello se suma la crisis del maíz: productores envejecidos, falta de maquinaria y precios inciertos. El dirigente insistió en que la raíz del problema es la ausencia de políticas públicas que realmente incentiven la producción, pues el campo veracruzano tiene capacidad, pero no condiciones. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.



