Jesse Jackson, el reverendo cuyo legado sigue perdurando en las luchas progresistas de EU

Nueva York y Washington. El legado del reverendo Jesse Jackson, quien falleció este martes, se puede ver y escuchar todos los días en casi todo este país, desde las calles de Mineápolis, a las luchas progresistas electorales de los últimos años -incluyendo la elección de Barack Obama como la del socialista democrático Bernie Sanders- a los intentos de crear frentes amplios de diversas luchas sociales bajo el ejemplo de su Coalición Arcoiris.
Jackson fue el puente más importante entre el movimiento de derechos civiles de los sesenta encabezado por su mentor el reverendo Martin Luther King, Jr -uno de quienes estuvo a su lado cuando fue asesinado en 1968- y los movimientos sociales durante el último medio siglo. Mientras muchos de los líderes religiosos que trabajaron con King buscaron limitar el enfoque del movimiento de derechos civiles después de su muerte, Jackson promovió una visión amplia de justicia económica y social convocando a afroestadunidenses, blancos, latinos, cristianos, musulmanes y judíos. Fue presencia constante en huelgas sindicales y uno de los primeros lideres en exigir que el Partido Demócrata defendiera los derechos del pueblo palestino.
Fue el primer hombre afroestadunidense en buscar la candidatura presidencial del Partido Demócrata (Shirley Chisholm fue la primera afroestadunidense en lanzarse como candidata presidencial) en dos ocasiones, 1984 y 1988, ganando más de 7 millones de votos en las primarias del Partido Demócrata. Abrió el camino, según expertos, para Obama -quien lo marginó después- y estaba en el escenario en la Convención Demócrata de 2024 cuando se coronó a. la primera mujer de color como candidata presidencial. Pero demócratas centristas de la cúpula política y económica del país hicieron todo para obstaculizar y frenar su ascendencia política, asustados por la coalición de afroestadunidenses, latinos, sindicalistas, ambientalistas, inmigrantes y jóvenes que logró armar.
Jackson fue quien movilizó a bases que solían no participar, y con ello, obligó a que el partido tuviera que girar hacia la izquierda. En 1988, el presidente de su campaña electoral, el líder populista de Texas Jim Hightower, introdujo al candidato ante la Convención Demócrata, con acento tejano, así: todos dicen que hay que estar en el medio del camino [ser centrista] para ganar. “Bueno, lo único que hay en medio de los caminos de Texas son líneas amarillas y armadillos muertos. Por eso, les presento al próximo presidente de Estados Unidos, Jesse Jackson”.
Con su talento retórico y su atrevimiento político, Jackson cimbraba a sus públicos, sea en un pequeño pueblo como Austin en Minnesotta todo blanco durante una huelga de una procesadora de carne a una iglesia en Atlanta donde predicó el reverendo King, a marchas masivas en Chicago, siempre en defensa de los trabajadores, de los discriminados, de las mujeres, de los gay. “Viva la esperanza” (Keep hope alive) era una de sus consignas en todos estos frentes.
Incidió directamente en el debate nacional sobre un abanico de temas nacionales e internacionales. Fue feroz opositor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte argumentando que era “una codificación de los derechos empresariales” y que tendría consecuencias severas contra trabajadores y granjeros tanto en Estados Unidos como en México. Se presentó personalmente una y otra vez en huelgas y movimientos de derechos de minorías, mujeres, gay y en solidaridad con luchas democráticas de otros países. Condenó la llamada “guerra contra las drogas” por sus consecuencias sociales tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Fue una figura clave en el movimiento anti-apartheid internacional, reuniéndose con líderes de ese movimiento de liberación en tiempos en que aún políticos liberales estadunidenses evitaban hacerlo. Conoció y elogió a Cuauhtémoc Cárdenas de México y a Lula cuando el brasileño llegó por primera vez a la presidencia de su país, como otros lideres de movimientos de liberación nacional en África y Medio Oriente.
Jackson viajó a Cuba donde con Fidel Castro logró la liberación de 48 prisioneros como parte de un esfuerzo de diplomacia ciudadana para relajar las tensiones en la relación bilateral. En su primera visita a la isla en 1984, mientras estaba en campaña presidencial, Jackson convenció a Castro de ir por primera vez a una iglesia, Metodista, con ello abriendo una puerta para la comunidad religiosa en Cuba. Según Jackson, le platicó a Castro sobre la teología de la liberación y de la tradiciones de Martin Luther King como expresiones religiosas.
El senador Bernie Sanders declaró este martes que la Coalición Arcoiris creada por Jackson “sentó los fundamentos para el movimiento progresista moderno, el cual está continuando la lucha por su visión de justicia económica, racial, social y ambiental”.
“Jackson acudía a donde estaba el dolor -ayudar a la gente a sanear, ayudarlos a encontrar su poder para proceder adelante y empujarnos a todos hacia adelante otra vez”, declaró este martes Ben Jealous, ex presidente de la organización nacional afroestadunidense de derechos civiles NAACP. “Cuando los derechos al voto estaban bajo asalto, hizo eso mismo, cuando los derechos de inmigrares estaban bajo ataque, hizo eso mismo. Cuando gente trabajadora de cualquier color se encontraban bajo ataque, hacia eso mismo”.
Algunas de las expresiones más conmovedoras ante la noticia de su muerte provinieron de gente que lo veían como su mentor. “Me enseñó que la protesta tiene que tener un propósito, que la fe tiene que tener pies, y que la justicia no es de temporadas, es trabajo diario”, explicó el reverendo Al Sharpton, un veterano líder nacional de derechos civiles.
Figuras políticas nacionales desde el presidente Donald Trump a los ex presidentes Barack Obama y Bill Clinton ofrecieron sus elogios por el papel de Jackson en la sociedad estadunidense. Pero en el apogeo de su trabajo, las cúpulas de ambos partidos nacionales buscaron una y otra vez marginalidad y contener al reverendo carismático. Aunque Obama reconoció este martes que él “estaba parado sobre los hombros de Jackson”, el primer presidente afroestadunidense de Estados Unidos mantuvo su distancia con el reverendo mientras ocupaba la Casa Blanca, igual Clinton.
Y ese Estados Unidos, siempre insistió, tiene un interés común con otros países, sobre todo del sur global. En entrevista publicada en el primer numero de La Jornada el 19 de septiembre de 1984 declaró que “la Coalición arcoiris es entonces un comunidad política que funge como interlocutor natural del Tercer Mundo dentro de Estados Unidos. Si logramos coordinar eficientemente nuestros intereses comunes, entonces los latinoamericanos podrían ayudar a fortalecer nuestra Coalición y el Arcoiris hará que la voz del progreso latinoamericano sea atendida en nuestro país”.
Agregó: “mis recientes viajes a Cuba, AméricaCentral y México me impresionaron profundamente… antes que nada, debe haber un reconocimiento práctico del derecho… a su autodeterminación. La soberanía nacional y la integridad territorial no pueden ser motivo de negociación alguna”.



