Alcoholismo involuntario: no eres tú, es tu cuerpo el que te emborracha

El alcoholismo es quizá la droga más vieja y problemática de la historia. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2019 “unos 400 millones de personas padecían trastornos por el consumo de alcohol” y 3 millones de personas mueren cada año a causa de la bebida. Sin embargo, un porcentaje aún no cuantificado son aquellos con un cuerpo que los autoemborracha.
Sí, leyeron bien, pero ¿cómo puede pasar algo así? De acuerdo a un estudio del investigador Bernd Schnabl de la University of California San Diego, las personas con “Síndrome de autodestilación alcohólica” tienen altos niveles de Klebsiella pneumoniae y Escherichia coli en los intestinos. Cepas de bacterias involucradas en la fermentación etílica, capaces de producir síntomas de ebriedad como confusión mental, fatiga crónica, dolor abdominal y aliento alcohólico.
Existe otra posible explicación la cual no ha sido descartada. En 2013 el International Journal of Clinical Medicine registró el caso de una adolescente de 13 años con “síndrome del intestino corto”, a quien mandaron a un centro de rehabilitación luego de haber confirmado niveles altos de alcohol en sangre. Como parte de la recuperación le practicaron un lavado intestinal, que más tarde mostró la presencia de Candida glabrata y Saccharomyces cerevisiae. Un hongo y una levadura involucradas en el proceso de fermentación etílica.
Sin importar el tipo de patógeno (bacteria, hongo o levadura), se ha detectado que todos los pacientes con el “síndrome de autodestilación alcohólica” tienen una pobre flora intestinal. Esto es, los intestinos necesitan bacterias y otros tipos de microrganismos para lograr una buena digestión y absorción nutricional. Si esto no es así, además de la mala digestión es posible que agentes patógenos ataquen al organismo.
¿Existe alguna cura para el autoemborrachamiento? Claro que sí, solo que es un poco desagradable. De acuerdo con Schnabl, el tratamiento más eficaz es una serie de trasplantes fecales provenientes de una persona saludable. También hay otros tratamientos menos asquerosos para eliminar los signos y síntomas de ebriedad, como el fluconazol. Desafortunadamente no es tan eficaz, las heces trasplantadas proveen al intestino enfermo con la flora intestinal necesaria.
No cabe duda que tener una cura siempre es bueno, pero sigue habiendo preguntas sobre la mesa. ¿Cómo alguien llega a desarrollar este síndrome? Y ¿Por qué si Klebsiella pneumoniae, Escherichia coli, Candida glabrata y Saccharomyces cerevisiae son microrganismos tan comunes no todas las personas sufrimos de este curioso trastorno?



