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En cinco años, frente contra violencia vicaria prueba 5 mil 286 casos

Cuando a Jennifer Michelle Seifert Braun le dijeron que su hija Sofía, de 12 años, decía en el colegio que su mamá estaba internada en un hospital siquiátrico porque era “loca y violenta”, comprendió que su lucha por recuperarla a ella y a su hijo Matteo, de nueve años, sería larga y compleja.

Desesperada y deprimida, empezó a recorrer juzgados para defenderse de las denuncias falsas y decidió salir a contar su historia en redes sociales para que sus hijos vieran que no estaba internada, ni loca; que seguía luchando por recuperarlos. Fue así como encontró a otras mamás sufriendo la misma situación: mujeres a quienes, con argucias legales, les quitaron a sus hijos en venganza porque pidieron el divorcio a sus ex parejas.

Jennifer no sabía cómo nombrar lo que les pasaba a todas. Acosada judicialmente, sin sus hijos, abatida por la tristeza, empezó a investigar y encontró a Sonia Vaccaro, sicóloga clínica argentina que vive en España, que en 2012 acuñó el término “violencia vicaria” para describir una forma extrema de violencia o violencia por sustitución contra las mujeres, en la cual los agresores usan a los hijos como instrumentos para seguir ejerciendo daño emocional, control y castigo contra la madre, una violencia brutal que puede terminar en filicidio.

Era 2021 y la sororidad hizo que todas se fueran uniendo en una misma lucha para enfrentar el acoso judicial de un sistema como el mexicano, sin perspectiva de género, que las confina a una vida judicializada y las condena a vivir sin sus hijos. Jennifer entonces fundó el Frente Nacional Contra la Violencia Vicaria.

En cinco años de batalla, el frente llenó el vacío y logró que la violencia vicaria fuera incluida como delito en todos los estados del país dentro de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencias. Más aún, que los estados la añadieran en el Código Penal.

Es así como estas mujeres víctimas de violencia vicaria llegan a este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con una campaña que muestra sus rostros en expedientes judiciales y nombra los años de vida judicializada y el tiempo que sufren sin tener a sus hijos.

“La idea es ponerle cara y nombre a esta campaña, para darle fuerza en estos siete días de marzo. Estamos etiquetando autoridades locales, nacionales, periodistas, medios… Queremos crear conciencia en la sociedad, visibilizar la cantidad de víctimas de violencia vicaria. Queremos que sepan lo que hemos vivido durante días, meses y años sin ver a nuestros hijos. También mostramos los días de vida judicializada y el número de denuncias falsas que las ex parejas nos interponen”, dice Jennifer en entrevista con La Jornada, antes de viajar a Nueva York, donde expondrá en la Organización de Naciones Unidas (ONU) la problemática de esta violencia de género, aún sin atender debidamente en México.

Al término relativamente nuevo de violencia vicaria se añade el desconocimiento de las autoridades judiciales en el país para aplicarlo y sancionar a los agresores, a quienes les siguen admitiendo denuncias falsas para arrebatar los hijos a sus madres.

“Más de 90 por ciento de las mamás que formamos el frente están o estuvimos denunciadas por algún tipo de delito que no cometimos y que en su mayoría ni siquiera procede. Esas denuncian las usan sólo para iniciar un proceso judicial y quitarnos a nuestros hijos.”

El frente ha logrado documentar 5 mil 286 casos de mujeres que están viviendo violencia vicaria en México: “Ellas representan a 11 mil 100 niños y adolescentes afectados. Además, existe una cifra terrible: solamente 116 mamás han logrado recuperar a sus hijos. Es un porcentaje bajísimo y muy doloroso”.

Esto se debe principalmente a que fiscalías, agentes del Ministerio Público y jueces se niegan a aplicar la ley o sencillamente la desconocen. “Falta mucha capacitación de las autoridades judiciales para aplicar la ley contra la violencia vicaria. Nos ha tocado estar en capacitaciones y vemos que es una lástima ver las cosas erróneas que les enseñan a las autoridades. Los cursos sobre perspectiva de género son de risa. No conocen ni la violencia de género, menos la violencia vicaria”.

Lamentablemente, dice, el gobierno no se ha tomado en serio la capacitación ni la vigilancia a la pésima actuación del Poder Judicial en este rubro; tampoco la protección a los infantes y sus madres. “Si no hay voluntad de las autoridades del gobierno y del Poder Judicial para entender realmente lo que está pasando con la violencia vicaria, tampoco vamos avanzar”.

Jennifer explica que es necesario un cambio de pensamiento de la sociedad cómplice. “Es muy fácil juzgar desde afuera hasta que nos toca. Vemos muchos casos en los que se quejaban de nosotras, nos decían que somos violentas. Con las vueltas que da la vida, ahora tenemos a los que nos criticaban pidiéndonos ayuda por una situación cercana o porque ya les pasó. Es muy difícil ser empático, y debe entenderse la gravedad de la violencia vicaria para poder avanzar”.

Terrorismo machista

Ante la organización de las mujeres víctimas de violencia vicaria, ha surgido también una organización de hombres, particularmente grupos estructurados en la llamada machósfera, considerada misoginia en línea por la ONU, una red de hombres que dicen atender sus problemas con abusos digitales y practicantes del “terrorismo machista”.

En México estas iniciativas están representadas por organizaciones como No más hijos rehenes, Padres por la verdad y Juntos por nuestros hijos, considerados grupos violentos de hombres. “Cada vez que hay un movimiento de mujeres como el nuestro que avanza, rompe ciertas barreras y logra derechos y protección para las mujeres, siempre vienen estos grupos de choque de hombres. Hemos aprendido que lo están llevando a un tema más personal”.

Añade: “Nos atacan. Ya no es contra la lucha ni el avance de las mujeres; ya es un tema de escoger casos muy puntuales y personales del frente y hacer campañas enormes de difamación; sabemos que son pagadas. Es muy fácil detectar las granjas de bots porque cuando subimos algo a las redes, a los cinco minutos vemos mil solicitudes de supuestos amigos y de pronto empiezan los ataques. Hay mucho miedo generado por estos grupos de hombres detractores que tenemos encima, que están atacando y violantándonos constantemente”.

Jennifer asegura que esas organizaciones confunden mucho a la sociedad. “Sin embargo, sus argumentos no han logrado nada en seis años. Primero decían que la ley vicaria era una copia de la ley vicaria de España, después se dieron cuenta de que eso era falso. Luego arguían que esta violencia no está avalada por ningún estudio científico, pero ningún fenómeno se estudia de manera científica porque la violencia vicaria no es una enfermedad ni un síndrome.

“Luego dijeron que la había creado un pedófilo en coordinación con Sonia Vaccaro, y así siguen mintiendo. Ahora lo que quieren es que los hombres sean incluidos como víctimas de violencia vicaria, lo que es una locura.”

Añade: “Todos los días recibimos ataques, amenazas de muerte, incluso dicen que nos van a buscar durante la marcha del 8 de marzo. Así están llegando las amenazas. Son muy violentos. Los hombres no viven violencia vicaria, es absurdo. Lo único que hacen son campañas de odio contra las mujeres con una violencia terrible. Es peligroso para la gente que no se informa y se dejan llevar por esos tiktokers porque al final del día son hombres que crecieron en redes con su discurso machista contra las mujeres. Intoxican y están lucrando, recaudando dinero; muchos no eran nada y agarraron la bandera contra la violencia vicaria para darse a conocer”.

Daño letal

Después de dos años de lucha judicial, Jennifer recuperó a sus hijos. Fue un proceso largo y revictimizante por el propio sistema. “Cuando llegas a la primera instancia a denunciar violencia, lo primero es que no te creen, luego te revictimizan. Te dicen que no llevas las pruebas suficientes, que no tienes un golpe… por eso muchas no denuncian, a pesar de que ya existe la ley contra la violencia vicaria, por la misma razón por la que nunca han denunciado.

“No quieren denunciar, no quieren otro proceso, están cansadas, no tienen a sus hijos; aparte, cuesta dinero.”

Además de la violencia institucional, las víctimas de violencia vicaria se enfrentan al problema de los abogados, por eso siempre recomiendan que las madres también se hagan cargo de sus procesos judiciales, que hablen con los agentes del Ministerio Público, los fiscales, los jueces. “Nuestros abogados se acercan a defender mujeres diciendo: ‘yo conozco, yo sé, yo voy a recuperar a tus hijos’, y se pasan años dando largas, inventando cosas, no dándoles acceso a sus documentos”.

Para Jennifer, la violencia vicaria es un ataque directo a las madres que atenta contra sus vidas y las de sus hijos. “Hemos perdido muchas mujeres por suicidios inducidos, por feminicidios y también hemos perdido niños cuando los propios padres les quitan la vida para vengarse de las mamás”.

Las mujeres a quienes les han arrebatado judicialmente a sus hijos se definen como muertas en vida. “Es una violencia tan grave. Quieren quitarnos la vida, sin tocarnos un pelo. La manera más fácil de hacerlo o seguir ejerciendo ese poder y control es violentándonos a través de lo que más queremos”.

Concluye: “La violencia vicaria no acaba con una restitución de los niños, no acaba cuando los hijos cumplen 18 años. Es una violencia que dura toda la vida”.

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