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El sarape que conquistó el corazón patriota de Robert Kraft

Una pareja de tapatíos logró acceder al palco del dueño de los Patriots, gracias a la emblemática prenda mexicana

En el frío cortante del Highmark Stadium de Buffalo, un objeto ajeno a la lógica de la NFL empezó a adquirir un valor inesperado. No era un jersey de colección ni una pieza de memorabilia subastable. Era un sarape mexicano que colgaba en un mercado de la Ciudad de México, comprado por intuición más que por necesidad. Para Luis Alberto Valdiviaaficionado de los New England Patriots originario de Guadalajara, aquella prenda había sido pensada apenas como defensa contra el invierno del norte del estado de Nueva York, terminaría funcionando como una llave de acceso a uno de los círculos más cerrados del deporte profesional estadunidense.

Luis y su entonces prometida, María Fernanda Ríos, no viajaron a Estados Unidos como turistas. Lo hicieron como seguidores meticulosos, dispuestos a cumplir una agenda precisa que incluía dos partidos de los Patriots en menos de nueve días. Primero Buffalo. Luego Foxborough. Para Luis, la afición no era reciente ni superficial. Era heredada.

Siempre he sido fan de los Patriots. Mi papá me inculcó todo esto. Ya los había visto en la Ciudad de México, pero quería vivir la NFL en su ambiente natural”, contó a Excélsior el protagonista de una de las historias más fascinantes.

De Coyoacán a la NFL

El punto de inflexión llegó en 2023. El sarapecomprado meses antes en las calles de Coyoacánempezó a llamar la atención en las gradas del estadio de los Bills. En un entorno dominado por chamarras térmicas, colores monocromáticos y rituales previsibles, la prenda destacaba sin proponérselo. Los aficionados se detenían, preguntaban, pedían fotografías. Fue entonces cuando María Fernanda sugirió convertir la curiosidad en gesto. Tomó un cartón de cervezas y escribió con plumón “cambio sarape por jersey”.

Colocados detrás de la banca de Nueva Inglaterra, el mensaje terminó por atraer la mirada que realmente importaba. Dana Blumberg, esposa de Robert Kraft, notó el cartel y la prenda a escasos metros del terreno de juego. Fue ella quien se acercó primero, preguntó de dónde venían y, tras escuchar la historia, regresó a su asiento. Minutos después, le comentó lo ocurrido a su esposo y le sugirió que se acercara a conocerlos.

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Robert Kraft regaló un balón a la pareja mexicana.

Un ovoide de regalo para un gran aficionado de los Pats

Robert Kraft, dueño de los Patriots y arquitecto de una de las dinastías más exitosas en la historia de la NFL, fue quien decidió acercarse. No hubo intermediarios ni protocolo de seguridad que los condujera hasta él. El encuentro ocurrió casi a ras de campo, de manera directa y sin anuncio previo. El intercambio no fue el que anunciaba el cartel. No hubo jersey. Kraft entregó personalmente un balón oficial de juego y sostuvo una conversación breve, sin poses ni espectáculo.

Se portó increíble. Toda la organización. Me dio un balón de juego personalmente”, recuerda Luis.

El gesto no quedó aislado. Días después, ya en Foxborough, Luis intentó devolver la cortesíaPlaneaba regalar el sarape a Kraft durante el partido contra los Jets en el Gillette StadiumNo ocurrió. Una intensa nevada diluyó cualquier posibilidad de que la prenda destacara entre miles de aficionados vestidos de azul y gris. El intento quedó inconcluso.

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La historia encontró su siguiente capítulo en noviembre de 2024, en Chicago. Tras meses de comunicación con la organización, Luis y María Fernanda recibieron acceso al campo para convivir con jugadores de los Patriots. El problema era logístico y contundente. No tenían boletos para el partido. En la reventa, los precios rondaban los 500 dólares por persona, una cifra fuera de su presupuesto.

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Luis Alberto Valdivia y María Fernanda Ríos entregaron otro presente al dueño de los Pats.

Al fin, el sarape llegó a las manos del mandamás de los Patriotas

La solución llegó en forma de mensaje de texto. Robert Kraft había sido informado de la situación y decidió intervenir. Les envió boletos para el partido comprados con su propio dinero, ubicados a escasos metros del campo, y extendió la invitación para recibirlos al medio tiempo en su palco.

Robert Kraft escuchó lo que estaba pasando y nos mandó los boletos”, recuerda Luis.

Durante 15 minutos hablaron de futbol americano, de la Liga MX, de México y de la relación de la franquicia con su afición internacional. Fue ahí donde Luis entregó finalmente el sarape. Kraft correspondió con un pin de la familia, una insignia reservada para allegados cercanos, un objeto discreto cargado de simbolismo.

Para María Fernanda, la experiencia marcó un punto de quiebre personal. En ese mismo viaje, lejos del frío y del ruido del estadio, recibió el anillo de compromiso, un cierre íntimo para una historia que había comenzado como un simple viaje deportivo.

Él hace ver el deporte tan bonito que me atrapó”, dijo María Fernanda sobre su ahora esposo.

Hoy, los Patriots ocupan un lugar distinto en su vida. Ya no son sólo un equipo de los domingos, son parte de su historia familiar. En su boda, Luis lanzó un balón de futbol americano en lugar de la liga tradicional, un guiño al ovoide que recibió en Buffalo. Radicados actualmente en Bermudas por motivos profesionales, mantienen el contacto con la organización.

En una liga definida por contratos multimillonarios, protocolos estrictos y distancias calculadas, un trozo de lana mexicana logró algo poco común. Recordar que, incluso en la NFL, las relaciones más duraderas a veces nacen fuera del plan de juego.

*mcam

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