Hacía tiempo que no la veíamos tan seguido, pero últimamente, el cine parece multiplicar diferentes versiones de Penélope Cruz. Ya había estrenado con Olivia Wilde y Ed Norton la comedia dramática The Invite. Y en un tono mucho más artístico, estrenó otras dos producciones en el Festival Internacional de Cine de Toronto, que la postulan por duplicado para las próximas nominaciones de premios. Por un lado, aparece con una participación especial de la favorita al Oscar como Mejor Película Extranjera La bola negra y, con un tono totalmente diferente, recrea en la ficción de Búnker ciertos aspectos de su matrimonio con Javier Bardem.
Con tres producciones tan diferentes como The Invite, Búnker y La bola negra, ¿se te ve más ocupada que nunca, en esta etapa de tu carrera?
Lo que pasa es que desde que tuve a mis hijos, realmente cambió el ritmo del tiempo que puedo trabajar cada año. Antes solía filmar tres producciones de cine por año, incluso cuatro, todo el tiempo. Pero cuando tuve a mis hijos, se convirtieron en mi total prioridad. Terminé filmando una o dos producciones de cine por año si no requerían demasiado tiempo o no se complicaba con la ciudad donde tenía que trabajar. Tomé esa decisión porque era la forma en que yo quería cuidar a mis hijos. Soy la primera en sorprenderme por todo el amor que recibió al estrenar casi al mismo tiempo The Invite con Búnker y La bola negra, porque es cierto que no trabajo tan seguido.
A la hora de elegir nuevos personajes, ¿notas la diferencia en el estilo de personajes que hoy te ofrecen, con los que te llegaban al principio de tu carrera?
Es cierto que después de todos estos años hoy estoy en un lugar donde tengo la oportunidad de elegir el material. Y no puedo estar más que agradecida por los personajes tan interesantes que hoy se escriben para mujeres de mi edad, porque no solía ser tan usual cuando yo recién empezaba. Tener acento y protagonizar cine en mi propio idioma… Todo eso fue cambiando lentamente y sigue cambiando. Es la gran diferencia que noto desde la época en que yo recién empezaba.
¿Tu carrera hubiera sido lo mismo sin el principio con Pedro Almodóvar?
Cada vez que me va bien en mi carrera, Pedro (Almodovar) está presente. Siempre está en mi mente. Es alguien que piensa igual que yo sobre la vida. No es alguien que se le ocurra filmar algo que no sea original, porque asífunciona su cerebro y su corazón. Es único. Siempre cuento la misma historia, pero es verdad. Siempre admiré su estilo de cine y creo que tenía 12 años cuando yo me preguntaba “¿Cómo es que este hombre no es el presidente de nuestro país?” por todo lo que decía, era revolucionario. Es una persona que siempre me ha inspirado y y al día de hoy sigue siendo muy importante en mi vida, no sólo en mi carrera, en toda mi vida.
La experiencia de haber trabajado tantas veces con un director como Pedro Almodóvar, ¿ayuda a aceptar sin miedo ciertos personajes polémicos?
Tuve mucha suerte desde el principio, en el estilo de personajes que me ofrecieron. Y con un comienzo tan importante, también me di cuenta que había veces en que pude haber dicho “No”. He tenido muchas discusiones con mi representante española, la misma de hoy, con sus 83 años me insistía que no podía negarme a ciertos ofrecimientos que parecían riesgosos. Ella me lo enseñó, igual que mis padres, me permitieron arriesgar desde muy joven. Fue una lección muy importante que aprendí desde muy joven, aunque muchos amigos en la industria me decían que estaba loca, que estaba arriesgando demasiado, cuando en mi corazón algo me decía que yo tenía razón.
En la ficción de Búnker tu personaje se pelea con su esposo durante una escena que dura más de diez minutos, ¿cómo afrontas una escena así, cuando en frente está tu verdadero esposo, Javier Bardem?
Como podrás imaginarte, fue la escena que más nos preocupaba filmar. Y no fue por el hecho de poder afectarnos a nivel personal, porque ya habíamos trabajado juntos, muchas veces y vivimos en la ficción relaciones con bastantes desafíos. Pero en este caso, la escena estaba muy bien escrita por Florian Zeller (que además es el director) y no queríamos fallarle. Toda la historia se resume en esa escena, por el mensaje de la película. Sentimos muchísima presión, pero sin tratar de mezclar la ficción con realidad.
Con un particular diálogo que muestra a Penélope Cruz hablando en español con Javier Bardem, cuando el inglés sólo lo hablan fuera de casa (porque viven en Londres), la ficción de Búnker ilustra la historia de un matrimonio muy parecido a la realidad donde suelen discutir las decisiones donde el trabajo puede alejar la familia. En este caso, interpretan una pareja que debaten sobre el hecho de aceptar la construcción de un ultraseguro búnker para un multimillonario, con la discusión del ángulo moral, si es lógico permitir que una persona poderosa se aparte del resto de la sociedad.
El problema surge cuando en una historia paralela, un sospechoso vecino agujerea la pared del dormitorio para tener una ventana que termina quedando en pleno jardín de la millonaria casa donde viven los personajes de Cruz y Bardem. Es ahí donde generan otro debate entre negarle la seguridad al que quiere construir un búnker, mientras tratan de mantener la seguridad de su propia casa, como si fuera el búnker que se niegan ‘moralmente’ a construir.
¿Podríamos decir que la historia de Búnker tiene que ver con una crisis matrimonial con la excusa de pensar diferente o es el trabajo el que los separa realmente?
Para mí es mucho más que la historia de una pareja en crisis. Siento que representa una crisis mundial alrededor de la metáfora del miedo que nos rodea hoy en el mundo y lo que representa en la historia las sospechas del vecino, obsesionados por una amenaza que realmente no existe (spoiler) que al final nos salva la vida. Es una metáfora tremenda. Y fue la gran razón por la que aceptamos, porque desafortunadamente entabla muchos de los debates importantes que necesitamos enfrentar sobre el mundo que vivimos, porque yo misma quise ser la que dice todo lo que mi personaje le dice a Javier, porque es así como yo me siento, tal cual.
En otro rincón de las salas de cine, Penélope Cruz también actúa en una de las producciones más aplaudidas en el Festival Internacional de Toronto: La bola negra. Abarcando otro estilo de historias paralelas sobre una verdadera obra perdida de García Lorca, ilustran el argumento del libro inédito, al mismo tiempo que cuentan cómo fue que realmente la encontraron (y la gran razón por la cual nunca antes la habían estrenado). En este caso, no resulta fácil reconocer a Cruz en el personaje secundario de Nene, quien tiene que entretener al mismo ejército homofóbico que ella tanto odia, en medio de la Guerra Civil española.

Tu participación en La bola negra apenas dura 15 minutos en casi tres horas de duración, ¿cómo es que aceptaste un rol tan secundario como importante?
En realidad no nos conocíamos muy bien con los Javis (los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi), pero cuando nuestros representantes nos reunieron en un almuerzo, sentí como si fueran amigos de toda la vida. Enseguida empezamos a compartir secretos mutuos y en algún momento me comentaron: “Tenemos un personaje en este guion que estamos escribiendo para la próxima dirección de cine y no sé si deberíamos pasártelo porque no es el rol protagónico y a lo mejor no es lo suficientemente grande”. Pero yo dije que nunca deberían pensar que yo acepto un personaje por los minutos que aparezco en pantalla. Y cuando me enviaron el guion, me parecía perfecto. Me enamoré de la historia, del personaje de Nene Romero que represento. Y además me dio la oportunidad de bailar y cantar. Fue un verdadero desafío porque es algo que sólo había hecho antes en Nine, hace mucho tiempo atrás. Y lo venía buscando, siempre, pero tampoco es fácil de encontrar.
¿Qué tan difícil fue preparar la parte de la canción y el baile, junto con la transformación física donde tampoco es fácil reconocerte?
La preparación nos llevó meses, aunque el rodaje duró un par de semanas. Necesité meses para prepararme, aunque lo disfruté al máximo. Me transportó a la época en que yo tomaba clases de baile. Pero la parte donde tuve que cantar es lo que más miedo me daba. Al día de hoy siento que me sentía demasiado vulnerable. Eran dos números totalmente diferentes. Ni hablar de la forma quetenía que hablar arriba del escenario. Ella aparecía distinta a la vida real, porque también había creado su propio personaje. Es un rol dentro de otro rol. Preparar todo eso fue muy divertido, pero me daba pánico, un saludable pánico.
¿Te animarías a cantar y bailar en vivo, en un teatro de Madrid o Broadway?
Me ofrecieron trabajar en Broadway una vez y dije “no, gracias”. Digamos que no tengo suficiente coraje para hacerlo. A lo mejor algún día cuando mis hijos sean grandes. ¿Quién sabe? Pero todavía no. Yo estudié teatro muchos años, más de cuatro años. Y también preparé muchos de mis personajes con mi segundo maestro de teatro. Me encanta volver y prepararme con un profesor. Pero no estoy lista para algo así, todavía. Me encantaría seguir haciéndolo en el cine.
¿Dónde quedó la osadía de aceptar riesgos al principio de tu carrera?
El mundo de la danza es una disciplina que no se parece a nada. En ese entonces, cuando recién empezaba a trabajar tan jovencita, estaba preparada para todo. Si me ponían en el agua congelada de enero, sentía que no se podía comparar con el dolor que sentía cuando bailaba. Me sorprendía cuando la gente se quejaba en el trabajo, porque el mundo de la danza clásica me enseñó a canalizar mi energía. Es algo que siempre le agradezco amis padres, porque fueron muy inteligentes en llevarme a tres o cuatro horas de danza clásica para canalizar tanta energía que tenía cuando era tan jovencita.
¿Y la energía de La bola negra? ¿Hablaron sobre el coraje de las viejas generaciones gays que muestra la historia y la libertad social que hoy tienen en la comunidad?
No es algo que hablamos entre nosotros, ni siquiera lo pensamos. Es algo natural. Es la forma en que vemos la vida, la forma que experimentamos la vida, todos tenemos los mismos derechos, no es algo que se cuestiona. Es la misma forma en que me crie, luchando por el respeto a Almodóvar, quien ha sido un líder en ese sentido, toda su vida. Él es mi maestro también en ese sentido. No se me ocurre otra forma de ver al mundo, no imagino ver que alguien se merece menos respeto.

¿La empatía también es necesaria para ser actriz?
Sí. Supongo que si no tuviera empatía y juzgara mis personajes, jamás podría entenderlos. Es lo que decía antes sobre mi personaje de Búnker, donde coincido con su forma de pensar, porque no deberíamos vender nuestra alma por nada. Pero tampoco necesito interpretar los personajes con los que estoy de acuerdo o no necesito que quererlos. Necesito entenderlos, sin juzgarlos. Nunca los juzgo. No me importa si tienen razón o están equivocados, porque la respuesta siempre la tiene el público.
¿Las diferentes historias de The Invite, Búnker y La bola negra cambian tu forma de ver el amor?
– Supongo que todos los días de mi vida cambia un poco. Cada día se agrega algo y todos los proyectos contribuyen a crecer, cambiar y aprender. Pero La bola negra habla sobre temas que hoy siguen siendo relevantes. Dos de los protagonistas son de los años 30, pero hay otro protagonista en tiempo presente. Y al día de hoy se pueden seguir viendo situaciones así, que te rompen el corazón. Será por eso que me parece tan importante porque con La bola negra creo que se puede conectar una generación más joven, además de gente madura donde ellos estén en situaciones donde todavía no tuvieron la posibilidad de quedarse con su propia familia, por la forma en que se sienten con su sexualidad (gay). Todos conocemos situaciones parecidas. Sin importar que tengas 70 o 90 años, la historia trae preguntas importantes a la mesa.


