BOGOTÁ (Proceso).– Los brasileños acudirán a las urnas mañana domingo para elegir en segunda vuelta un presidente en una contienda sin claro favorito, que tiene como candidatos al gobernante izquierdista, Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca su reelección, y al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Según las principales firmas encuestadoras, a un día de las elecciones ambos aspirantes están en un “empate técnico”, aunque Bolsonaro aparece en la mayoría un punto adelante, lo que está dentro del margen de error de las mediciones.
Lula ha tenido una moderada recuperación en los sondeos. Tras la primera vuelta electoral del 4 de octubre último, que encabezó Bolsonaro con una diferencia de 1.87 puntos porcentuales sobre al gobernante izquierdista, las encuestas le daban una ventaja de entre cuatro y seis puntos al abanderado de la extrema derecha. Pero esa brecha se redujo.
Incluso la encuestadora Datafolha, una de las más importantes de Brasil, afirmó el jueves último que el empate entre los dos abanderados presidenciales no sólo es técnico, sino estadístico, y que cada uno de ellos tiene 50% de los votos válidos.
Bolsonaro, sin embargo, se mantiene como ligero favorito por la inercia de los resultados de la primera vuelta, en la cual se quedó con 47.03% de los votos, contra 45.16%, para Lula, y en la que además condujo a su partido, el Liberal (PL), a convertirse en bancada mayoritaria en el Senado y la Cámara de Diputados y a obtener las principales gubernaturas, entre ellas la de Sao Paulo, un estado que concentra la quinta parte de la población del país y que genera un tercio del producto interno bruto nacional.
La politóloga brasileña Ana Tereza Duarte dice a Proceso que el ánimo social en el país es de cansancio con los dos polos y que el nivel de rechazo de ambos candidatos ronda 50 por ciento.
A Bolsonaro, señala, lo favorece que dos de los candidatos derrotados en la primera vuelta, Ronaldo Caído y Zema, lo respaldan para la segunda vuelta y ambos tienen 3% de los votos, porcentaje que representa 2.9 millones de electores.
“Pero Lula tiene una carta, que es la de movilizar a los millones de votantes que se quedaron en casa en la primera vuelta, en especial en el Nordeste, donde el presidente sigue siendo ampliamente mayoritario”, afirma Duarte.
La socióloga brasileña Tamara Lajtman considera que es “difícil” que Lula logre romper esa inercia y ganar los comicios, pero eso no quiere decir, “en absoluto, que esta elección ya esté definida”.
Para la investigadora del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires, también hay que considerar que Lula cuenta con el aparato gubernamental para movilizar a sus electores, lo que le da cierta ventaja.
Durante los últimos días el gobernante izquierdista se ha centrado en buscar el voto de los 33.4 millones de abstencionistas de la primera vuelta, en especial de los estados del nordeste, donde el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, tiene su principal bastión electoral.
Pero de acuerdo con Lajtman, “el progresismo se ha activado de forma bastante tardía”, dice Lajtman.
Y expone que, si bien en Brasil ningún candidato que ha quedado en segundo lugar en la primera vuelta ha ganado los comicios presidenciales en la segunda ronda, esta es una elección abierta que se va a decidir por un margen muy estrecho “y en las últimas horas”.
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La política pendular
Para el politólogo brasileño Alberto Carlos Almeida, es “improbable” que Lula logre dar la vuelta a los resultados de la primera vuelta.
Eso, porque aun cuando la mayoría de los sondeos revelan un “empate técnico” entre los dos candidatos, Bolsonaro sigue encabezando todas las mediciones, por uno, dos y hasta cuatro puntos, excepto la de Datafolha, donde aparece empatado con Lula, y otra de VoxBrasil que da ventaja al mandatario izquierdista.
De acuerdo con Almeida, “no es posible persuadir de votar por Lula al elector que quiere cambiar de gobierno, y Bolsonaro es como un avatar que sólo representa eso, el cambio” y eso lo favorece en contexto en el que las preferencias políticas son pendulares y a veces favorecen a la izquierda y en ocasiones a la derecha.
Contra Lula también juega la percepción de inseguridad, que es la principal preocupación de la ciudadanía.
Según sondeos, Bolsonaro, con sus propuestas de mano dura frente a la delincuencia –como la castración química para los violadores y la reducción de la edad de imputabilidad penal–, es considerado por la mayoría de los votantes como la mejor opción para enfrentar ese problema.
La mayoría de los encuestados también lo considera más competente para frenar la inflación –que en septiembre ascendió a 4.58% anualizada, muy arriba de la meta oficial– y hacer crecer más la economía, cuya expansión ha estado limitada por la incertidumbre global.
Pero Flávio Bolsonaro, cuyo padre, el expresidente Jair Bolsonaro, cumple 27 años de prisión domiciliaria por intentar derrocar a Lula mediante un golpe de Estado en 2023, genera miedo entre amplios sectores de brasileños que lo observan como un peligro para la institucionalidad democrática.
¿Sesgo algorítmico?
Un ajuste importante en la campaña de Lula en esta segunda vuelta ha sido el manejo de las redes sociales. En la primera vuelta Bolsonaro dominaba de lejos la interacción en redes, pero el mandatario izquierdista revirtió esa tendencia y hoy supera las interacciones de su adversario de extrema derecha por tres a uno.
El diputado del PT André Janones abrió en WhatsApp el canal “Exército do Lula” (Ejército de Lula) para movilizar a los simpatizantes del mandatario izquierdista, y en cuestión de días ha alcanzado más de nueve millones de suscriptores.
El canal ha sido tan exitoso que Bolsonaro pidió al Tribunal Superior Electoral (TSE) exigir a Meta, propietaria de WhatsApp, una explicación detallada sobre los criterios que utiliza para diferenciar entre “movilización legítima” de los usuarios de esa red y “comportamiento coordinado potencialmente irregular” que eventualmente viole la equidad electoral.
Lula también ha hecho reclamos a Meta, y mucho más serios que los del senador ultraderechista. El pasado miércoles el gobernante izquierdista solicitó a la Justicia Electoral anular la candidatura presidencial de Bolsonaro por presunta “selectividad algorítmica” en su favor en esa plataforma propiedad de Mark Zuckerber y en X, de Ellon Musk, según reportaron medios brasileños.
Meta, que también es dueña de Facebook e Instagram, rechazó los señalamientos y aseguró que da un trato equitativo a las dos campañas.
El PT, sin embargo, sostiene que las recomendaciones, la inteligencia artificial y los mecanismos de publicidad en Meta y X operan, “de modo redundante”, en favor de la candidatura del senador ultraderechista y “en franco perjuicio” de la campaña de Lula.
La profesora del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo (PUCSP) Silvia Borelli sostiene que la disputa de narrativas entre el progresismo y la ultraderecha ha contado en la campaña electoral brasileña con el despliegue de “milicias digitales” que operan con inteligencia artificial, sesgo en los algoritmos de las plataformas tecnológicas y abundante financiamiento desde Estados Unidos para favorecer a Bolsonaro.
“No hay ningún respeto a las leyes electorales de Brasil y esto es un tipo de injerencismo de Estados Unidos y, finalmente, una lucha desigual”, denuncia la doctora en ciencias sociales de la PUCSP.
El PT considera que el sesgo de los algoritmos de algunas plataformas tecnológicas desafía “la integridad de la democracia brasileña y la soberanía nacional frente a la influencia extranjera”, según la denuncia ante la Justicia Electoral publicada por la prensa brasileña.
Además, el equipo jurídico del partido de Lula recordó que Meta y X tienen su sede en Estados Unidos y que el presidente de ese país, Donald Trump, ha manifestado públicamente su apoyo a Bolsonaro.
El injerencismo estadunidense fue abierto en las campañas de la primera vuelta del pasado 4 de octubre, durante las cuales Trump se tomó una foto con Bolsonaro en la oficina oval de la Casa Blanca e impuso sanciones comerciales a Brasil, pero esa estrategia pudo haber sido contraproducente.
Para el PT, el escenario y las herramientas del intervencionismo estadunidense en la segunda vuelta electoral son las redes sociales y los algoritmos a favor de Bolsonaro.
Lo que está en juego
Pese al avance de la extrema derecha aliada de Trump en América Latina, y de sus triunfos ante la izquierda en Colombia, Perú, Chile, Bolivia y Honduras, más de la mitad de la población de la región sigue gobernada por mandatarios progresistas que resisten las políticas intervencionistas del presidente de Estados Unidos.
Sólo Brasil y México, que junto con Uruguay son los únicos países latinoamericanos con gobiernos de izquierda democráticos, concentran 51.4% de la población y dos terceras partes del Producto Interno Bruto (PIB) de la región.
Y esto quiere decir que la izquierda sigue teniendo un gran peso político en América Latina en medio del notable avance de la ultraderecha protrumpista.
La continuidad o no de este frágil equilibrio geopolítico es lo que estará en juego en la segunda vuelta electoral de este domingo en Brasil.
Un triunfo de Bolsonaro daría un impulso definitivo al proyecto de Trump de establecer una hegemonía geopolítica en el hemisferio. En ese caso, siete de cada 10 latinoamericanos quedarían gobernados por la extrema derecha alineada con Washington y dispuesta a permitir presencia militar del Pentágono en su territorio y la rapiña de sus recursos naturales.
De acuerdo con el profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana de Colombia, Manuel Camilo González, un triunfo de Bolsonaro le daría a Trump la oportunidad de cerrar, con broche de oro una racha de ocho victorias consecutivas de sus aliados políticos latinoamericanos.
Desde que Trump inició su segunda presidencia, en enero de 2025, siete candidatos presidenciales latinoamericanos a los que él apoyó han ganado las elecciones y cuatro de ellos –Rodrigo Paz en Bolivia, Nasry Asfura en Hondura, José Antonio Kast en Chile y Abelardo de la Espriella en Colombia– le arrebataron el poder a la izquierda.
La politóloga brasileña Ana Tereza Duarte señala que la administración Trump observa a Brasil como un obstáculo que aún le impide tener una mayoría aplastante de gobiernos aliados en la región, donde incluso ya domina Venezuela –desde el secuestro estadunidense de Nicolás Maduro en enero pasado– y ejerce una intensa presión sobre Cuba.
La pregunta clave para Brasil, señala, es qué sucederá si la extrema derecha vuelve a ganar, como ya lo hizo hace ocho años Jair Bolsonaro, el padre del actual candidato del PL.
Y lo que probablemente sucedería, añade Duarte, es que la herencia política ultraconservadora de Bolsonaro y su creciente alianza con Trump pondrían en aprietos a un país cuya transformación social –la pobreza y el desempleo han caído y emergió una nueva clase media– ha generado demandas que no podrá satisfacer fácilmente.
De acuerdo con la doctora en ciencias políticas de la Universidad Federal de Pernambuco, con Flávio Bolsonaro en la presidencia se abrirían además las puertas de un indulto a su padre y a otros participantes en la asonada, y el Ejecutivo entraría en colisión con el Supremo Tribunal Federal (STF), el cual emitió las condenas contra los golpistas.
Bolsonaro tiene una cómoda mayoría legislativa con el PL y sus aliados para implementar su agenda radical, entre la que figura la virtual entrega del control de las tierras raras –Brasil tiene la segunda reserva mundial de estos insumos, después de China– a Estados Unidos.
Duarte considera que también la región se juega en estos comicios la posibilidad de perder al único país latinoamericano con el peso suficiente para sostener una política exterior autónoma frente a Washington, en los BRICS (el grupo Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con el Mercosur y con la relación con China, principal socio comercial del país.


