Seguramente alguna vez has permanecido demasiado tiempo en una misma posición y, al intentar moverte, descubres que una pierna, un brazo o incluso una mano parece haber perdido momentáneamente la sensibilidad. Después aparece esa peculiar sensación de cosquilleo.
Aunque solemos decir que una extremidad “se durmió”, en realidad se trata de una alteración temporal en la forma en que los nervios transmiten información entre esa parte del cuerpo y el cerebro. A este fenómeno se le conoce como parestesia temporal.
¿Qué hace que una extremidad pierda sensibilidad?
Una de las causas más habituales es permanecer durante cierto tiempo en una postura que ejerce presión sobre un nervio. Por ejemplo, puede ocurrir al sentarse con las piernas cruzadas, dormir apoyado sobre un brazo o mantener una articulación en una posición incómoda.

Esa presión dificulta el funcionamiento normal de las fibras nerviosas y, durante unos instantes, la comunicación entre la extremidad y el cerebro se vuelve menos eficiente.
¿Por qué primero sentimos que la zona está “dormida”?
Cuando un nervio permanece comprimido, las señales encargadas de transmitir información sensorial no pueden viajar con normalidad. Como consecuencia, el cerebro recibe menos información procedente de esa parte del cuerpo.
Por eso es posible sentir la extremidad entumecida, pesada o con una sensibilidad reducida. La sensación puede ser especialmente extraña cuando intentamos moverla después de haber permanecido mucho tiempo en la misma posición.
¿Y de dónde aparece el famoso hormigueo?
La sensación de cosquilleo suele presentarse precisamente cuando cambiamos de postura y dejamos de ejercer presión sobre el nervio.
Con la descompresión, el tejido nervioso recupera progresivamente su funcionamiento normal y las señales comienzan a transmitirse nuevamente. Durante ese periodo de recuperación pueden producirse impulsos nerviosos irregulares que el cerebro interpreta como hormigueo, cosquillas o pequeños pinchazos.

Es decir, esa sensación tan característica que aparece cuando “despierta” una extremidad no significa necesariamente que algo esté dañándola; suele ser parte de la recuperación de la función nerviosa después de una compresión temporal.
La circulación sanguínea también interviene en el proceso, pero no es correcto explicar todo el fenómeno únicamente como una falta de sangre.
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La presión sobre una zona puede afectar tanto a los nervios como a los pequeños vasos sanguíneos que los rodean. Al retirar esa presión, el flujo sanguíneo se normaliza y las estructuras nerviosas recuperan progresivamente las condiciones necesarias para funcionar.
Por eso, más que decir simplemente que “se cortó la circulación”, resulta más preciso señalar que la compresión temporal de los nervios altera la transmisión de las señales nerviosas.

¿Cuándo deja de ser algo normal?
Que una extremidad se duerma ocasionalmente después de mantener una postura determinada suele ser un fenómeno pasajero. Sin embargo, si el entumecimiento u hormigueo aparece con frecuencia, dura demasiado tiempo, ocurre sin una causa evidente o se acompaña de otros síntomas, conviene consultar a un profesional de la salud.
Una sensación cotidiana puede parecer curiosa, pero detrás de ella existe un proceso en el que participan los nervios, el cerebro y la circulación, que trabajan de manera coordinada para recuperar la sensibilidad de la zona afectada.


