La “argentinofobia” pasó de las redes a las calles: Relato de un argentino golpeado brutalmente en CDMX
El día de la final del Mundial, Paulo fue brutalmente golpeado por vestir el jersey de Argentina cerca del Metro Allende; luego batalló por recibir atención policial y médica hasta que intervino la embajada de su país. Este es su relato

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El Mundial 2026 terminó, pero la “argentinofobia” escaló.
Vestir un jersey de la selección albiceleste se volvió peligroso en la Ciudad de México. El odio sembrado en gran parte desde las redes sociales contra la selección de futbol de Argentina —y también contra ciudadanos argentinos— alcanzó a Paulo, quien radica en la capital mexicana desde hace más de cuatro años.
Lo que parecía un día de fiesta mundialista terminó en tragedia. Paulo iba con un jersey de Argentina puesto, cuando fue salvajemente agredido cerca del Metro Allende por un puñado de individuos al término de la final entre Argentina y España.
Derribado dos veces, con fracturas y heridas sobre todo en la cabeza, el joven argentino batalló esa noche con sus agresores, lidió por recibir atención policial, y deambuló por atención médica hasta que la embajada de Argentina en México intervino. Solo así Paulo pudo recibir pronta atención.
Paulo fue franco: “todo esto pasa gracias a campañas anti Argentina, anti argentinos”.
Este es el relato que Paulo contó a Proceso.
“Perdí el conocimiento”
El día pintaba perfecto para Paulo: Domingo de final del Mundial. Un asado argentino con su familia y amigos en la Ciudad de México, tal como se estila en aquel país sudamericano. Jersey albiceleste enfundado. Y, sobre todo, la ilusión por festejar un cuarto campeonato mundial, aunque sea fuera de su país. Lo peor que podría salir mal aquel día es que la Argentina no coronara.
Santafesino de nacimiento (al noreste de Argentina), Paulo de 35 años de edad hizo de la Ciudad de México su casa desde hace poco más de cuatro años y, como buen argentino, trae el futbol en las venas. Aquí trabaja, tiene su pareja mexicana, y amigas y amigos.
Cuando el partido comenzó, a las 13:00 horas, Paulo y sus amigos —incluidos adolescentes y un bebé— decidieron acudir al Zócalo capitalino para vivir la experiencia del partido más importante del Mundial. Atrás había quedado el asado a pie del edificio donde viven; la idea era regresar después del partido y seguir el festejo ante el ansiado bicampeonato.
Un gol agónico de Ferrán Torres en el segundo tiempo extra acabó con la ilusión de Paulo y lo suyos; no tuvo más remedio que aceptar la derrota y hasta abrazó y felicitó a los españoles que presenciaron el partido cerca de él.
Tras la dolorosa derrota Paulo y sus acompañantes —todos portando algún distintivo argentino, incluso de Boca Juniors— abortaron el plan de ir al Ángel de la Independencia y decidieron regresar a casa para un “segundo tiempo” del asado.
“Nos metimos en la calle de Allende. Vi un montón de gente…o sea, yo creo que estaban esperando algún problema. Empezaron a gritarnos, a decirnos de todo. A decirnos: ¡España les ganó! (Respondí) ‘Sí, la verdad sí estuvo bien ganado; no jugamos a nada’. Y empezaron: ¡Cabo Verde, Cabo Verde! (Respondí) Cabo Verde somos amigos; no busquen problemas, no venimos a eso…”.
El hostigamiento siguió, relata Paulo, hasta que un sujeto lo pateó.
“Me doy vuelta para defenderme y veo que ya se me venían todos. ¿Y qué hago? Me quedé como ¿qué hago?”.
Fue frente al comercio Casa Ascher en la calle de Motolinia, a unos pasos del Metro Allende, donde Paulo fue derribado y golpeado a patadas y puñetazos, sobre todo a la cabeza, cuan linchamiento a delincuente. Incluso se observa en un video que una mujer también lanza cuatro patadas al argentino que yace tirado en el suelo.
“Me tumbaron dos veces, y las dos veces me pegaron solamente en la cabeza. Era gente que salía de adentro de los locales, era gente de los locales”. Estima que entre 10 y 15 personas fueron sus agresores.
A Paulo le intriga que tiene en su frente unas marcas extrañas, como si le hubieran pegado con una “manopla”.
“Perdí el conocimiento llegando ahí, a la policía, cuando se apaga un poco la adrenalina”. Hasta ese momento, Paulo no sabía la gravedad de sus lesiones.
El viacrucis de Paulo
Brutalmente golpeado, Paulo y sus acompañantes buscaron ayuda policial… y fue cuando comenzó su viacrucis.
Un primer policía “como diciendo ‘yo no me meto’ y una pequeña sonrisita”, pasó de largo y se metió al Metro Allende, pese al llamado de urgente auxilio.
Un segundo policía —de Tránsito— también ignoró a Paulo. No pidió ambulancia, ni más ayuda por el “aparato”.
Pasó otro patrullero, uno más, y fue hasta el tercero que una mujer desconocida pudo frenarlo para exigirle ayuda.
Totalmente ensangrentado, Paulo por fin llegó a una agencia ministerial la noche del domingo para rendir su testimonio. Ahí perdió el conocimiento.
Por sus propios medios, Paulo comenzó otro peregrinar: el de buscar atención médica. De inicio, llegó al Hospital General Dr. Rubén Leñero, en la alcaldía Miguel Hidalgo, donde no lo atendieron porque “no había médicos”.
El segundo hospital al que acude fue al de Xoco, en la alcaldía Coyoacán —esto fue atravesar media Ciudad de México— en donde tampoco fue atendido por falta de equipo médico para realizar una resonancia magnética.
A estas alturas, desesperados, Mariela —su pareja— llama a la embajada de Argentina para solicitar ayuda. Y la consiguieron.
Finalmente Paulo fue hospitalizado en el de Traumatología y Ortopedia del IMSS, ubicado en Coapa, cerca del de Xoco. El trato fue diferente aquí debido a una “llamada” previa que la embajada argentina hizo para exigir atención médica.
El diagnóstico médico fue fractura en la nariz y fractura en la órbita del ojo derecho. Así, internado y salvajemente golpeado, terminó el domingo de la gran final para Paulo, víctima por “portar un jersey albiceleste”.
Además, Paulo también tuvo que ser atendido por especialistas en oftalmología en otro hospital.
El joven argentino llegó finalmente a su casa el martes pasado por la noche. Lleva tres días perdidos de trabajo —ahora busca cómo justificar esas faltas—; y está a la espera de saber si será intervenido quirúrgicamente.
Toma medicina vía oral y se pone gotas para los ojos; no puede hacer nada de fuerza, estornudar con la boca abierta, no puede tampoco usar popote, y mucho menos tomar su mate argentino.
Paulo no puede identificar con precisión a sus agresores, aunque es conocedor de la zona donde ocurrieron los hechos y tiene una idea vaga de quiénes pudieron participar. Insiste en que son comerciantes de la zona —famosa por locales especialistas en ópticas—. De hecho la mujer que lo patea, dice Paulo, vende cigarros en la zona y hasta le ha comprado.
En cuanto se sienta un poco mejor, Paulo interpondrá la denuncia correspondiente por las lesiones que sufrió.
La “argentinofobia” y el miedo a ser argentino en CDMX
No es un secreto que México y Argentina tienen una rivalidad futbolística de décadas, pero en este Mundial la confrontación escaló, pese a que no hubo partido de por medio entre ambos países.
La narrativa de la presunta ayuda de la FIFA a la albiceleste fue una ola expansiva que inundó lo mismo las redes sociales que programas de radio y televisión —especializados o no en deportes—. Los medios impresos nacionales y extranjeros también abonaron a la polémica con notas, reportajes, columnas y artículos sobre supuestos “arreglos” para que la selección argentina consiguiera otro título mundial.
Entre más avanzaba el Mundial, más era la controversia y narrativa anti argentina que aparecía en TikTok, Instagram, Facebook y X —por citar las redes más usadas en México—. Una bola de nieve que se salió de control y que golpeó a Paulo.
Él mismo dice sentir temor: “La verdad sí siento un poco de miedo, no te voy a decir que no. Le tenemos que dar para adelante, sí, pero realmente, hermano, no te voy a estar mintiendo… No sabés cómo te puede agarrar esta gente”.
Para Paulo, la xenofobia en su contra por ser argentino es cosa “normal”, pero asegura que a raíz del Mundial es “muchísimo peor”.
El colmo del anti argentinismo para Paulo fue el hecho que le cerraran la puerta de una sucursal de Little Caesars por el simple hecho de llevar puesto un jersey de Argentina.
“Todo lo que están generando las redes, desinformando totalmente”, lamenta.



